¿A quién no le gusta la idea de que haya menos contaminación?
Resulta muy utópico pensar que alguna vez el estilo de vida y consumo de la humanidad llegará a niveles de tolerancia cero frente al daño ambiental, pues evitar que los niveles de comodidad y confort a los que hemos llegado las sociedades contemporáneas ...
Resulta muy utópico pensar que alguna vez el estilo de vida y consumo de la humanidad llegará a niveles de tolerancia cero frente al daño ambiental, pues evitar que los niveles de comodidad y confort a los que hemos llegado las sociedades contemporáneas representen cada vez una amenaza mayor para el planeta depende, fundamentalmente, de voluntad, misma que no todos están dispuestos a mostrar.
Hace tiempo presenté en el Congreso de la Ciudad de México una iniciativa que promueve la transición hacia el uso de vehículos eléctricos, debido a que su impacto en el ambiente se considera menor. Lamentablemente, la propuesta no sólo no ha contado con el apoyo que debería al ser un tema tan relevante ante la crisis ambiental, sino que también ha sido bloqueada por un grupo de personas cuyos intereses económicos personales están por encima del interés común de proteger el medio ambiente.
El alma de la propuesta consiste en incentivar que la Ciudad de México cuente con un parque vehicular ciento por ciento de automóviles eléctricos para el año 2040 y la eliminación total de las unidades de vehículos de combustión interna para el año 2050.
La movilidad eléctrica es una de las alternativas más exploradas actualmente por la enorme cantidad de ventajas que posee frente a los vehículos de combustión interna, pues implica menores necesidades de mantenimiento, el uso de tecnologías más limpias y silenciosas, así como importantes ahorros económicos en el largo plazo.
Pero si hay alguien a quien podría no gustarle la idea es la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), que busca bloquear la aprobación del dictamen, que fue aprobado en la Comisión de Preservación del Medio Ambiente, Cambio Climático y Protección Ecológica de Congreso de la Ciudad de México.
Ante ello, quiero decirles que no hay nada que temer. Actualmente, una gran cantidad de ciudades alrededor del mundo, principalmente en Europa, se han sumado al objetivo de sustituir los autos que operan con gasolina y diésel por híbridos y eléctricos.
Recientemente, tanto el Parlamento Europeo como el Consejo de la Unión Europea han abrazado con fervor el plan Fit for 55, que comprende un paquete de medidas para cumplir la meta de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero con la mayor rapidez posible, por lo que, a partir de 2035, la industria automotriz ya no podrá vender coches de gasolina y diésel en el territorio europeo, pues los nuevos modelos deberán cumplir la característica de cero emisiones.
En contraste, en la Ciudad de México, la voluntad de unos cuantos se interpone al objetivo global de reducir las emisiones, pues, desde que se presentó el dictamen para la transición hacia los vehículos eléctricos, la AMIA ha estado presionando para evitar su avance, creyendo que tiene el poder de negarnos a los capitalinos el derecho a vivir en un medio ambiente sano y con una mejor calidad del aire, derecho que se encuentra establecido en nuestra Constitución.
El sector empresarial, en especial la AMIA, debe sensibilizarse ante la complicada situación ambiental que enfrenta el mundo y sumarse a las acciones para reducir las emisiones, toda vez que su industria no sólo genera un importante impacto ambiental, desde el proceso de producción y distribución de sus unidades hasta la contaminación atmosférica cada vez que un vehículo de combustión interna circula en las calles.
Todos debemos adoptar la responsabilidad de generar el menor impacto ambiental con nuestras acciones y formas de vida, y el sector automotriz no es la excepción.
