Fraude de mentiritas

De un tiempo a esta parte, el protocolo de rigor al final de cada jornada electoral establece que los candidatos punteros saldrán al público poco después del cierre de casillas y mucho antes de que se conozcan resultados de conteos rápidos o bien de resultados ...

De un tiempo a esta parte, el protocolo  de rigor al final de cada jornada electoral establece que los candidatos punteros saldrán al público poco después del cierre de casillas —y mucho antes de que se conozcan resultados de conteos rápidos o bien de resultados preliminares (PREP)— para aducir que han ganado la elección. Su presunta fuente de información a veces es una encuesta que nunca se muestra, o bien se nos dice que “con actas en mano” —que tampoco nos muestran— están seguros de sus respectivos triunfos. Al menos uno de ellos miente, por supuesto.

Es un hecho que los representantes de partido cuentan con copias de las actas de casilla, pero a menudo no las tienen completas o algunas son ilegibles y, en realidad, es muy difícil que los partidos hagan una suma de votos más veloz o precisa que la del PREP.

En algunos casos, cuando el PREP muestra alguna tendencia irreversible, toca al candidato perdedor cambiar el discurso. Insisten en que sus actas dicen otra cosa, pero, de nuevo, nunca las muestran: “Defenderemos nuestros votos”, “exigiremos un recuento voto por voto, casilla por casilla”. ¿Acaso alguien los contó mal?

Lo que casi nunca reconocen los perdedores es que el PREP presenta no sólo la suma preliminar de votos, sino las imágenes de las actas de casilla para que todos puedan conocerlas. Lo que tampoco reconocen es que, por ley, el proceso electoral implica un cómputo a nivel distrital en el cual se revisa, se lee en voz alta y se vuelven a capturar los resultados de las actas originales de cada casilla —no las del PREP que a veces son ilegibles—. Y cuando las actas muestran alguna inconsistencia o alteración, la ley señala que el paquete electoral debe abrirse y recontarse en presencia de representantes partidistas. Los errores del PREP se remedian aquí: todas y cada una de las actas se revisan y vuelven a capturar en los cómputos. Miles de casillas se vuelven a recontar. Por ley.

Es difícil que la ciudadanía conozca los detalles de este procedimiento tan engorroso. Fue diseñado para un país en el que era muy fácil rellenar urnas o actas. Pero los partidos políticos bien que lo conocen.

Algunos candidatos dicen que exigirán un recuento total de casillas. En los hechos, raramente lo hacen: piden recuentos en las casillas en las que perdieron. Otra estrategia es intentar anular casillas en las que perdieron. Pero anular casillas o elecciones no es cualquier cosa: implica cancelar el derecho al voto de miles de personas. Por eso la ley marca causales específicas para hacerlo.

En 2006, un candidato presidencial perdedor acusó al PREP de alterar los votos con un algoritmo. La acusación era falsa y así se demostró. No volvió a hacerlo desde entonces. Por desgracia, muchos de sus seguidores sí y, de entonces a la fecha, un instrumento creado para dar transparencia y certeza a la elección ahora se usa en su contra.

En 2006 también se acusó a los errores de actas de ocultar un fraude. De 2009 a la fecha, cientos de miles de casillas recontadas —por ley— han demostrado que los funcionarios de casilla, ciudadanos invitados al azar, hacen escrutinios confiables salvo errores humanos y algunas excepciones.

El domingo pasado se acusó a un nuevo instrumento, el conteo rápido del Estado de México, de utilizar una muestra sesgada de casillas. La acusación era falsa, como lo demuestra el hecho de que tanto el PREP, como el cómputo de 18,606 actas y el recuento de 3,421 paquetes en aquella entidad validaron la estimación que se hizo a las nueve y diez de la noche del 4 de junio. Cuando se acusan fraudes de mentiritas, se vuelve más difícil impugnar donde de verdad importa.

Temas: