¡Paren la motosierra de la 4T!

El dirigente de la FSTSE calculó en 10 mil los despidos de personal en el sector, desde radiólogos hasta operadores del desaparecido Progresa, pasando por la reducción de becas a residentes médicos

Ivonne Melgar

Ivonne Melgar

Retrovisor

La crisis de las listas de espera, falta de quirófanos, desabasto de medicinas, personal médico y equipo insuficiente viene de atrás.

Sólo la mezquindad podría adjudicarle al actual gobierno el deterioro del sistema de salud.

La cosa estaba mal. Pero se puso peor. Como cuando quitas las cubetas que contenían el agua de las goteras y la humedad hace destrozos.

Ésa es la realidad que quedó al descubierto el martes 21 de mayo con la carta de renuncia de Germán Martínez a la dirección del IMSS: el neoliberalismo retóricamente desterrado tiene ahora sus colmillos puestos en los enfermos.

Son destrozos en marcha y generados por la insuficiencia presupuestal de la 4T. Son los destrozos de la supuesta limpia de proveedores corruptos.

Pero a diferencia de otros recortes de la 4T que, como con las estancias infantiles, fueron sorteados con el discurso de que la corrupción así lo ameritaba, hoy las explicaciones presidenciales están rebasadas por los hechos.

Aunque el presidente López Obrador rechazó el diagnóstico de desastre del exdirector del IMSS y los legisladores de Morena se opusieron a reconocer la emergencia en el sector salud, el miércoles 22, la realidad los alcanzó pronto.

Por la noche, Ciro Gómez Leyva destapó en Imagen TV el escándalo: El Hospital Infantil Federico Gómez y el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias reportaban incremento de infecciones nosocomiales y retrasos en cirugías; el Instituto Nacional de Pediatría cerrará servicios prioritarios la próxima semana; el de Nutrición Salvador Zubirán prevé falta de personal para julio, y hay limitaciones para los trasplantes de riñón, hígado, corazón, córnea y médula ósea en los hospitales Infantil, de Pediatría y de Nutrición.

En su edición del jueves 23 de mayo, la portada de Excélsior difundió un documento de la Secretaría de Salud a la Cámara de Diputados: la Secretaría de Hacienda congeló mil 201 millones 634 mil 607.04 pesos al sector.

Pero el problema era mayor. Ese mismo jueves, directores de 11 institutos y hospitales de alta especialidad fueron a San Lázaro a solicitarle auxilio al morenista Alfonso Ramírez Cuéllar, presidente de la Comisión de Presupuesto, para que los secretarios de Hacienda, Carlos Urzúa, y de Salud, Jorge Alcocer, hagan algo para descongelar los ¡2 mil 300 millones de pesos! que les han retenido.

También este jueves 23, el dirigente de la FSTSE, que reúne a los 89 sindicatos de la administración pública federal, Joel Ayala, calculó en 10 mil los despidos de personal en el sector, desde radiólogos hasta operadores del desaparecido Progresa, pasando por la reducción de becas a residentes médicos.

“No se vale poner motosierra al área médica de los trabajadores. No es válido trastocar lo más sagrado que es la salud del pueblo de México”, se quejó el exlegislador priista.

Ayer, la CNDH envió recomendaciones a los secretarios Urzúa y Alcocer para que eviten “transgresiones de consecuencias irreparables” y corrijan las medidas de austeridad, asignando los recursos necesarios para garantizar el derecho a la salud.

Y es que, como lo alertó la senadora priista Beatriz Paredes, posponer el llamado a Hacienda es inhumano porque el efecto dominó de las infecciones hospitalarias podría ser devastador, amén de las muertes evitables para la ciencia médica, pero inevitables por la motosierra de la austeridad.

Se trata de la primera coyuntura que se sale del control de la poderosa narrativa del presidente López Obrador.

Porque más allá del país en ruinas que dice haber recibido, la denuncia de Germán Martínez fue confirmada por legisladores, periodistas, directivos, médicos, pacientes, mostrando los problemas de gestión del gobierno.

Falta dinero para mantener al elefante artrítico, con el que López Obrador compara al gobierno de sus antecesores, y nada está sustituyendo al defenestrado Seguro Popular.

De manera que el declarado combate a la corrupción le está pegando a quienes serían la prioridad en la 4T: los mexicanos que viven en pobreza.

Peor todavía: la motosierra de la austeridad no sólo cortó recursos, sino también mecanismos de gestión política.

No es gratuito que los directivos de los institutos recurran al Congreso. Tampoco lo es que el dirigente de la FSTSE busque audiencia con el Presidente porque, dice, los demás “son gente ignorante sin conocimiento de la administración”.

Y aunque ningún integrante del gabinete se atreve a decirlo, la motosierra de la austeridad también a ellos los está recortando.

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