A México le urgen consejos del papa León XIV

Ivonne Melgar

Ivonne Melgar

Retrovisor

El mensaje del papa León XIV ante diputados y senadores en España es una serena y profunda llamada de atención a la política del encono que tanto padecemos hoy en México.

Frente a una clase gobernante en puja permanente, el líder de la Iglesia católica dejó en el recinto legislativo de Madrid su crítica a la disputa del poder que se sustenta en la cultura del odio y la polarización.

La convocatoria a la construcción de soluciones que atiendan la pluralidad de las sociedades fue hilvanada por Robert Francis Prevost con el tema de la guerra como síntoma del fracaso de la política.

“La comunidad internacional está llamada a redescubrir el valor indispensable del diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza. De ahí nacen la confianza y la esperanza”, expuso ante los congresistas, el presidente Pedro Sánchez y el rey Felipe VI.

“La unidad verdadera no uniforma, sino que cohesiona en la diversidad, haciendo de las culturas, sensibilidades y tradiciones una ocasión de enriquecimiento mutuo”, definió.

Son señalamientos tan pertinentes para las agendas de la defenestración recíproca del PSOE y sus aliados, y del Partido Popular y Vox en España, como obligados en el caso de los legisladores mexicanos, rehenes de la retórica divisoria de la autoproclamada Cuarta Transformación.

Así, mientras Morena pretende seguir gobernando con un relato que criminaliza la crítica y otorga a sus adversarios políticos la etiqueta de traidores a la patria, la oposición aún no logró salirse del ring de las descalificaciones.

En concordancia con el trato de anulación que desde 2018 da el gobierno a los partidos ajenos a su alianza, las mayorías en el Congreso mexicano han renunciado a construir soluciones de consenso y, por lo tanto, al entendimiento.

Y, como si se tratara de una competencia entre quienes hacen una mejor satanización del otro, PAN y PRI todavía no consiguen acuñar una ruta ajena a la demolición del poder en turno, emulando así la narrativa morenista que, para confirmarse, necesita excluir a los demás.

Movimiento Ciudadano intenta desmarcarse de la llamada oposición tradicional, pero al hacerlo centra sus cuestionamientos en aquella, por lo que, en la práctica, termina alimentando el ánimo antipluralista que desde una pretendida superior moral propicia el régimen.

De ahí que las reflexiones del Papa sean obligadas para la circunstancia mexicana cuando señala que “dentro de las propias sociedades es urgente construir una cultura de la reciprocidad”.

Y es que, para el Pontífice, “la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.

Porque, continúa León XIV, “en una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos”.

La paz, dijo, nace cuando —desde la conciencia— el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliación. 

A partir de esta reflexión, el Papa convocó a los legisladores a cuidar el lenguaje.

“Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro. Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje. La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”, argumentó.

Lamentablemente esa templanza en el quehacer y en el hablar a la que invita Prevost no es un distintivo de los dirigentes de la vida pública mexicana, cuyos incentivos por ahora se encuentran en el ejercicio de la rijosidad.

Es tal el clima de discordia que campea en los espacios de poder en México que de este fenómeno no escapan los ánimos tóxicos de las bancadas de diputados y senadores del partido gobernante. 

Y es que en un momento en que los perfiles que aspiran a la conciliación y a los acuerdos están a la baja, la desconfianza termina permeando en las relaciones cotidianas de quienes sólo se cohesionan en la disciplina vertical y la repetición de la narrativa divisoria.

Es frente a esa deteriorada convivencia política mexicana que se vuelve obligada la lectura del mensaje del Papa en las Cortes españolas al advertir que, ante la violencia y la polarización, “la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral”.

Construir la reconciliación, dijo, “reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación, y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia”.

¿Insistirá México en su invitación a León XIV para que nos visite? Más valdría que sí y que lo consiga. Porque también al gobierno le urge una pausa ante el riesgo de ser engullido por el encono que su hegemonía.

PD

Gracias por llegar hasta aquí. Nos reencontramos el 27 de junio.