La pasarela de justicia y paz

Ricardo Anaya dijo asumir el principio de los convocantes de que la paz debería ser resultado de una justicia sin impunidad
 

Ivonne Melgar

Ivonne Melgar

Retrovisor

El foro “Diálogos por la Justicia y La Paz” dejó una certeza: Hay consenso en señalar que la estrategia de seguridad fracasó, pero ninguno de los candidatos cuenta con una alternativa concreta.

Nadie se atrevió a ponerle fecha al regreso de las Fuerzas Armadas a los cuarteles ni a perfilar una propuesta que prescinda de éstas.

Así que la pasarela del 8 de mayo en el Museo Memoria y Tolerancia mostró que, cuando se acerca la hora de la verdad, no hay quien suscriba el reclamo de la campaña “¡No más sangre!”, consistente en que los soldados y marinos abandonaran los operativos de seguridad.

Aquella campaña marcó el sexenio de Felipe Calderón. Fue una crítica de organizaciones sociales a la que después se sumarían las dirigencias del PRD y del PRI, incluyendo a Andrés Manuel López Obrador y al entonces gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto, quien como Presidente retomó la estrategia de su antecesor.

Activistas de esas organizaciones, los convocantes del foro, pidieron a los candidatos definir cómo y cuándo realizarían la desmilitarización de la seguridad, y fijar postura sobre la Fiscalía Autónoma y víctimas de violencia, entre otros temas. 

Margarita Zavala optó por no asistir, hecho que Javier Sicilia, impulsor del foro, consideró “un gran error político” y muestra de desdén. Sin embargo, lo sucedido en el foro permite suponer que la candidata independiente decidió no desgastarse ante la imposibilidad de responder afirmativamente.

Porque ese fue el caso de José Antonio Meade, a quien los asistentes increparon cuando se negó a coincidir con la idea de crear una Comisión de la Verdad para expedientes como el de los normalistas. 

Sin dar un no explícito, el candidato del PRI recurrió al argumento de que lo importante es contar con instituciones que reviertan la impunidad.

Javier Sicilia evaluó como lamentable que Meade se hubiera opuesto a una Comisión de la Verdad. “No entienden de justicia”, dijo en plural.

Meade defendió la Ley de Seguridad Interior como un marco que da certidumbre a la presencia de las Fuerzas Armadas en operativos de seguridad.

Jaime Rodríguez Calderón también afrontó exclamaciones reprobatorias, sobre todo cuando criticó la despenalización del uso recreativo de la mariguana, después de mostrar que, como él lo solicitó, las personas que levantaron la mano reconociendo que consumían esa droga, fueron las mismas que asumieron tomar cocaína y metanfetaminas. 

Pese a este ríspido momento con el auditorio, Javier Sicilia rescató el acento que Rodríguez Calderón puso a la corrupción de los jueces, al responsabilizarlos de la imposibilidad de castigar en Nuevo León a los presuntos funcionarios corruptos de la gestión estatal anterior.

Ricardo Anaya dijo asumir el principio de los convocantes de que la paz debería ser resultado de una justicia sin impunidad.

Y aunque sostuvo que “estamos peor que nunca” y “no podemos seguir como vamos”, el candidato del Frente PAN-PRD-Movimiento Ciudadano reconoció que sería demagógico establecer plazos para el regreso a los cuarteles, cuando en entidades como Tamaulipas la gente pide la permanencia de la Marina.

Si bien Javier Sicilia se despidió afectuosamente de Anaya, con el beso que lo hizo popular cuando exigió a Felipe Calderón suspender su estrategia, el activista lamentó que la propuesta del panista siguiera sostenida en la participación del Ejército.

López Obrador fue bien recibido por los convocantes, quienes sin embargo perdieron la oportunidad de solicitarle precisiones sobre la propuesta de amnistía a los involucrados en actividades delictivas, tema que en ningún momento abordaron los entrevistadores ni el candidato. Sin embargo, por primera vez, el abanderado de Morena fue explícito al afirmar que, por ahora, regresar los militares a los cuarteles sería dejar a la gente en el desamparo.

Insistente en la idea de que sólo su proyecto busca atender las causas de la violencia y del narcotráfico, AMLO defendió su desconfianza en el rol de las organizaciones civiles en la definición del futuro fiscal general. Y fue vehemente en argumentar que el cambio depende de la voluntad del Presidente.

Fue ante esos planteamientos que Sicilia lanzó la advertencia: “¡Cuidado Andrés Manuel, el Presidente no es Dios!”.

Así que hasta la ausencia de Margarita Zavala resultó clarificadora: no está dispuesta a dejar de reivindicar el proyecto del sexenio calderonista.

Mientras, en su papel de candidato antipartidocracia, El Bronco encaró hasta a los propios organizadores del foro.

Riguroso en su diagnóstico y con novedosas propuestas para fortalecer la capacidad de investigación, Meade confirmó su carácter de candidato de la continuidad.

Acompañado de Emilio Álvarez Icaza, quien hizo mancuerna con Sicilia en el inicio del movimiento de víctimas, Ricardo Anaya fue quien más se acercó discursivamente a las demandas del auditorio. Pero dejó dudas sobre cómo atenderlas.

Confiado en su apuesta presidencialista, AMLO no tuvo reparo en advertir que su gobierno prescindiría de la llamada sociedad civil ahí presente.

Así fue la pasarela, didáctica y reveladora.

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