La sesión del 27 de octubre en que se designó a Blanca Cruz García como consejera presidenta provisional del INE dejó al descubierto el fracaso institucional del gobierno y de su partido en la exitosa colonización política del árbitro electoral.
Es una paradoja que muestra cómo el avance de Morena en la asfixia de los organismos autónomos se traduce en opacidad, uso patrimonialista del poder y corrupción.
Porque al haberle otorgado máximas facultades a la expresidenta Guadalupe Taddei, con una reforma a modo, la 4T eliminó la colegialidad con la que había operado el INE, antes IFE, en sus 36 años de existencia.
Pero ante el destape de la red de licitaciones, esa colegialidad que es inherente a los organismos autónomos volvió de golpe, al menos para designar a la presidenta provisional.
Y es que el acuerdo para nombrar a Cruz García se dio por consenso, en un Consejo General en el que sus 10 integrantes se congratularon de retomar la pateada tradición.
Es posible que los pronunciamientos del bloque de las boletas planchadas —nos referimos a los seis consejeros que impulsaron esa medida que el Tribunal Electoral canceló por inconstitucional— sean mera retórica. Prohibido pecar de ilusos.
Sin embargo, resultó significativo que ante la crisis, esa mayoría que actuó de la mano de Taddei en medidas electorales polémicas haya retomado el lenguaje del diálogo político y de la pluralidad que tanto molesta al oficialismo.
La realidad es que los consejeros del bloque de las boletas planchadas —muchos de ellos también avales del acordeón que acompañó a la elección judicial— hoy se encuentran bajo el escrutinio público y tienen la oportunidad de proceder con decoro en esta nueva fase del INE.
De la etapa de Taddei queda el registro sobre quiénes cerraron filas con ella de manera acrítica, quienes optaron por la complicidad del silencio, quienes pese al temor a las represalias pintaron su raya y quiénes ejercieron su autonomía.
Aunque la presidenta provisional se adhirió al bloque oficialista desde su llegada al INE, en abril, al igual que Frida Gómez y Arturo Chávez, este martes prometió colegialidad. “El INE no fue concebido para depender de una sola voluntad”, definió Cruz García.
Norma Irene de la Cruz, la más morenista de la tanda de consejeros de 2020, y a quien Taddei le encargaba conducir el Consejo en su ausencia, habló de hacerle frente a los retos de manera colegiada y de reforzar la comunicación.
Jorge Montaño Ventura, quien hizo mancuerna con Taddei, asumió que la coyuntura era delicada y confió en que los acuerdos colegiados acompañarán las investigaciones y “el saneamiento institucional”.
Impulsora de la propuesta de dar por válidas las boletas sin doblez, Frida Gómez Puga expuso que la ciudadanía merece conocer la verdad y que se “abre una nueva etapa” para el INE.
El consejero más cercano a Palacio Nacional, Arturo Chávez López, optó por el método Sheinbaum, atribuyendo la crisis al “problema estructural de la corrupción legal” que, definió, afecta a toda la administración pública, porque pese a licitaciones y auditorías “hay un mundo paralelo” de complicidades entre proveedores y funcionarios.
Uuc-kib Espadas Ancona, del bloque de las boletas planchadas, se pronunció por un INE “absolutamente al margen de la imposición de las autoridades del país y de los partidos”. Y sostuvo que “no es tolerable que el INE se incorpore al mercado de la compraventa de la impunidad”.
Destacó en la sesión el mensaje de los cuatro consejeros que se opusieron a las boletas planchadas y le plantaron cara a Taddei: Martín Faz, Arturo Castillo, Carla Humphrey y Rita Bell López.
Después de denunciar haber sido blanco de amenazas por parte de enviados de la expresidenta Taddei, López Vences sostuvo que no sería responsable minimizar lo sucedido.
La consejera Humphrey habló de la necesidad de investigaciones, auditorías y fiscalizaciones “hasta sus últimas consecuencias”. Y pidió al Congreso revertir la reforma de los poderes máximos a la presidencia del INE.
Arturo Castillo Loza propuso instruir a la Secretaría Ejecutiva a presentar en cada sesión un informe sobre las auditorías externas y “las medidas internas que se adopten para limpiar esta institución”.
“Que esta crisis nos recuerde que ninguna persona está por encima de la institución, que ninguna facultad está exenta de controles. Defender la autonomía y la fortaleza del INE también significa ser críticos con sus decisiones, reconocer sus errores y exigir que se corrijan”, planteó el consejero Martín Faz.
¿De qué lado estará la futura presidenta del INE?¿Contarán los ciudadanos con un bloque de consejeros capaz de limpiar al INE de la supeditación gubernamental?
Por lo pronto, circulan los nombres de Mónica Soto Fregoso, quien operó el empoderamiento de Taddei; de la exconsejera jurídica de Palacio, Esthela Damián, y de la fiscal de la CDMX Bertha Alcalde Luján.
Independientemente de sus capacidades, son perfiles que harían de la presidencia del INE una nueva alfil del gobierno.
¿Tendrá la Cámara de Diputados la capacidad de devolverle la colegialidad al INE nombrando a una consejera presidenta de consenso? Sólo así podrá limpiarse el cochinero.
