Las elecciones de la corrupción (O todos están grabados)

Ahora que la bolsita de Eva Cadena revivió el debate sobre el dinero en las campañas, vale preguntarnos si seremos capaces de superar la anécdota para encarar el drama de una democracia electoral equivalente a despilfarro. Por supuesto que la historia de la excandidata ...

Ivonne Melgar

Ivonne Melgar

Retrovisor

Ahora que la bolsita de Eva Cadena revivió el debate sobre el dinero en las campañas, vale preguntarnos si seremos capaces de superar la anécdota para encarar el drama de una democracia electoral equivalente a despilfarro.

Por supuesto que la historia de la excandidata de Morena a la alcaldía de Las Choapas muestra que el partido de Andrés Manuel López Obrador gestiona financiamiento no registrado para disputar el voto.

Y tan ingenuo resulta el fanatismo de quienes pretenden exculpar al presidenciable del pase de charola al margen de la ley, como la pretensión de que su partido es ajeno a tales prácticas.

Así que el punto de fondo no es si se trató de un cuatro ni de un montaje en contra de la ya expulsada exdiputada de Morena en Veracruz. Tampoco importa mucho si ella se prestó al numerito.

Lo escalofriante es la doble moral de todos. Del acusado y de sus acusadores. Y la ceguera compartida.

Porque mientras López Obrador asume que su plumaje no se mancha, las dirigencias del PRI, PAN y PRD simulan que no conocen el pantano. 

Sin embargo, cada día es más generalizado ese catálogo de prácticas electorales, sin distingo partidista, que todos dan por necesarias y ejercidas.

Desde la idea de que los grandes empresarios siempre reparten sus donaciones entre más de dos prospectos hasta el mito de que “la elección se gana el día D”, es decir, con la movilización de los votantes.

Igualmente, sabido es que a los gobernadores del PRI, PAN y PRD les toca colaborar con los candidatos de sus respectivos logos en otras entidades. Y que ese apoyo no es moral, sino siempre en especie.

También es vox populi en el Congreso que lo que después se conoció como fondo de “los moches” surgió hace una década para que los legisladores pudieran aceitar con promesas cumplidas sus aspiraciones a futuros cargos de elección popular.

Si bien se trata de usos y costumbres de la clase política de tiempo atrás, los comicios de 2015 y 2016 inauguraron una nueva etapa de competencia que ahora se generaliza con el tema de la corrupción como foco.

El debate del martes anterior entre los candidatos a la gubernatura del Estado de México mostró la centralidad que tendrá en lo sucesivo la biografía de los aspirantes y sus potenciales casos de falta de transparencia en el manejo del dinero público y privado. 

Más allá de la veracidad de los señalamientos ventilados, los tres principales contendientes —Alfredo del Mazo (PRI), Josefina Vázquez Mota (PAN) y Delfina Gómez (Morena)— recibieron acusaciones de falta de probidad.

En esta exhibición de corruptelas pesan tres novedades: la persecución y el encarcelamiento de gobernadores del PRI y PAN por mal uso del dinero público; la puesta en marcha del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) y el discurso de los candidatos independientes.

Hoy la sociedad sabe que los mandatarios estatales pueden crear empresas fantasmas, hacer negocios inmobiliarios y ganaderos y construir presas en sus ranchos. 

Hoy la gente sabe, gracias a los testimonios de la propia clase política, que ésta necesita amarrarse las manos con un Sistema Nacional Anticorrupción al que, sin embargo, le viene dando largas y largas.

Y si bien los candidatos independientes difícilmente podrán competir en serio por la Presidencia de la República en 2018, sus diagnósticos del sistema político son denuncias de la putrefacción que el dinero genera en las campañas.

“Son un ciclo de cinco C: corrupción, compra de votos, clientelas, compadres y contratos”, resume el senador Armando Ríos Piter, al frente del movimiento Ola 365 y quien renunció al PRD en febrero.

“No quiero contratos anticipados de un cuate que te diga aquí tienes 50 millones. ¿Y luego? Te lo cobran. ¿O ya se les olvidaron las ligas, la Casa Blanca, el Pemexgate, Amigos de Fox?”, pregunta Emilio Álvarez Icaza del movimiento Ahora.

Pero en los corrillos políticos, la ceguera se impone: “Esa película ya la vimos”, comentan en alusión a la bolsita de Eva Cadena y los videos que en 2005 exhibieron cómo perredistas allegados a AMLO iban por maletas de billetes a la oficina del empresario Carlos Ahumada

¿Pero es más o menos escandalosa que hace 12 años esa película que ya vimos? ¿Será que nos pasa como a las nuevas generaciones que se mueren de risa con El Exorcista que a nosotros nos robó el aliento?

Es insolente y hasta soberbio responder ahora esas incógnitas. Lo es porque México será, sin duda, beneficiario de la incertidumbre electoral que echa por tierra las encuestas, igual en Estados Unidos que en Francia.

Sin embargo, los comicios estatales de junio próximo en el pEstado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz marcan ya una tendencia: el destape de la pequeña, mediana, escandalosa y cotidiana corrupción.

De manera que en los próximos 14 meses, la disputa de los votos será una competencia entre equipos de inteligencia y espionaje sobre los arreglos en lo oscurito de los contendientes.  ¿Y quién no los tiene?

Pero además, como ya amagan los operadores electorales, “todos están grabados”.

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