Incertidumbre
Un año que se va diciéndonos: me quedo como punto
de quiebre, aviso de lo que viene y escenario de lo que
se pensó imposible.

Ivonne Melgar
Retrovisor
Huele a incertidumbre en todas partes. Incertidumbre a secas. Sin peyorativos ni amortiguadores.
Es el signo de interrogación que cruje en el imperio del tío Sam y hace muecas terroristas en la ya no tan integrada Unión Europea.
Es la duda que sienta sus reales frente a los letreros de las casas de cambio, en la Cancillería, en Banco de México (Banxico) y entre los asesores políticos que hasta hace poco vendían como fetiche de moda sus recetas.
Sí, es el cierre de un año que se va diciéndonos: me quedo como punto de quiebre, aviso de lo que viene, escenario de lo que un día se pensó imposible.
Incertidumbre ante el declive de lo que creíamos eterno y el rastro de un 2016 que se llama renuncia de David Cameron, entrega del Nobel de la Paz al presidente de una Colombia que le dijo no, triunfo de Donald Trump, despedida a Fidel Castro.
Es la incertidumbre de un Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, que vuelve a la cárcel mientras ocupa la portada de la revista Rolling Stone y se convierte en personaje de películas, series y telenovelas.
Sí, la narcotización del entretenimiento y la agenda informativa en un 2016 que desmintió la promesa oficial de la última década de que la inmovilidad de los capos frenaría la violencia y el mercado de las drogas.
Y todo porque la política no tiene respuestas nuevas a un problema que más que a viejo sabe a instalado.
De ahí que la incertidumbre, aquí como en el mundo, hizo de las suyas en las urnas y abofeteó al PRI el 5 de junio con un saldo inimaginable hasta para los que ganaron.
Sí, la voluble voluntad ciudadana, la desconocida emoción de la antipolítica que premia al inexperto para castigar a los profesionales de la cosa pública.
Incertidumbre en las élites, claro, por la volatilidad de eso que viralizamos como “el mal humor social”, un ánimo de revancha que transforma en memes las noticias de los gobernantes y que difícilmente le pone “me gusta” a un funcionario.
Incertidumbre frente a una sociedad que da por hecho que Javier Duarte, el personaje del año horrible de la corrupción mexicana, no es un caso aislado ni único ni anecdótico ni ajeno a lo que ya descalifica como “el sistema”.
Y más signos de interrogación porque el hartazgo se parece a un falso contacto que intermitente saca a miles de maestros a cruceros y carreteras, mismos que después se atrincheran en una sospechosa normalidad.
Incertidumbre que obliga a preguntarnos si esa desgastada clase política no es prima hermana de una profesional sociedad civil que sólo se organiza cuando el guión de los círculos viciosos amerita desmadre, caos, al estilo Nochixtlán.
Pero lo mismo pasa con las marchas de médicos que alertan que ahí viene una privatización que la autoridad niega y pasa también con la molestia de las cúpulas empresariales que toman el rol de cabilderos parlamentarios.
Porque la incertidumbre pasa lista en el Congreso, donde las escasas definiciones legislativas van como cangrejos, a contracorriente de las libertades democráticas que las nuevas generaciones dan por descontadas y suyas, como el matrimonio igualitario.
Sí, diputados y senadores acumulan iniciativas de cambio y van lentos, casi paralizados, frente a la falta de certidumbre que los militares dicen padecer desde que se hicieron cargo del trabajo policiaco.
Por esa inmovilidad parlamentaria es que suena más estruendoso el reclamo del general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional, al sugerir que sería el más feliz de volver a los cuarteles.
Sin embargo, es la misma queja que en el sexenio pasado hizo hasta cansarse su antecesor, el general Guillermo Galván, a quien entonces el Senado con hegemonía priista le negó una ley de
seguridad nacional.
La reiteración, sin embargo, no deja de ser motivo de nerviosismo. Porque confirma el hecho de que el hartazgo con el statu quo incluye a los altos mandos castrenses, para quienes el silencio fue durante décadas sinónimo de lealtad
y disciplina.
Y si vamos a hablar en plata, los inconformes están en varios frentes y han decidido pronunciarse. Todos contra todos.
Que si el clero contra las propuestas del gobierno, que si el exdirigente del PRI, Humberto Moreira, contra su partido, así, alzado en amenazas que suenan a “yo sé lo que hicimos en el sexenio pasado”.
Es la incertidumbre que igualmente golpea a los medios de comunicación con una crisis de credibilidad que certifica el fin de un modelo, el que pretendía asumir que prensa, radio y TV eran los únicos constructores de opinión.
Afuera, en las cuestionadas redes sociales, en las calles, entre el gelatinoso enojo ciudadano, la incertidumbre manda.
Y en las oficinas de gobierno, en los partidos, en las curules y en futuras casas de campaña, como nunca antes, esta reportera registra respuestas que no lo son: “no sé”, “lo ignoro”, “hoy cualquier cosa puede pasar”, “ya no entendí”…
PD navideña: Frente a la incertidumbre, quedan las certezas de la felicidad construida que necesaria e indisolublemente pasa por el entendimiento, el amor y la sublimación. Ése es mi deseo para ustedes.
PD de adiós a 2016: Y en la antesala del sobrepronosticado año incierto que viene, hacemos una pausa y nos reencontramos con el Retrovisor, aquí, el sábado 7 de enero.
Gracias siempre por compartir.