Un camino para pensar (parte I)
Caminar, desde hace siglos, es una de las técnicas más usadas por los filósofos y los científicos para pensar mejor y resolver problemas. Aristóteles fundó una escuela llamada peripatética (del griegoperipatêín,que significa dar vueltas)
Hay momentos en la vida que la realidad es tan apabullante que no puedes evadirla. Quizá llegas a tener un día muy bueno y olvidaste eso que te rodeaba por un rato, pero al anochecer de alguna manera esa realidad que estabas esquivando con todas tus fuerzas te alcanza.
A veces nos podemos esconder de esa realidad leyendo un libro. Algunos compartirán ese placer tan especial que es entrar a una librería. Visitar una librería es buscar qué conversaciones quieres tener durante los próximos días o quizá, si no eres muy eficiente, durante las semanas siguientes.
En otras ocasiones, vas directo hacia esa realidad o lo que supones es la realidad y vas a terapia. Esto sucede cuando de tanto pensar en ella no puedes trabajar ni estar en paz. Probablemente ya no la percibes tal como es, sino que estás empezando a acentuar detalles que tienen que ver con tus fantasmas y tus miedos. Claro que eso no lo sabes hasta que después de que alguien te escuchó y con delicadeza, atención y pericia pudo hacértelo notar.
Aunque también hay otras maneras de percatarte de que existen otras realidades y que no se trata de escaparte de ninguna, pero sí de saber que existen otras posibles. Caminar, desde hace siglos, es una de las técnicas más usadas por los filósofos y los científicos para pensar mejor y resolver problemas. Aristóteles fundó una escuela llamada peripatética (del griego peripatêín, que significa dar vueltas). Los discípulos de Aristóteles daban vueltas alrededor de un lago cercano al templo mientras filosofaban. Y es que caminar permite que algo nuevo suceda. Trabajan muchas funciones del cuerpo, aquellas que promueven el equilibrio y el movimiento, los sentidos, además del tacto, el de la vista y el del oído. El cuerpo se obliga a estar atento a leer su entorno y aprender de él para tomar decisiones sobre la ruta a tomar, o dónde se debe colocar el pie para evadir un agujero, una piedra o cualquier obstáculo. No es posible estar más despiertos que al caminar.
Este año encontré un camino para pensar. Literal, un camino. Caminé un trayecto del Camino de Santiago de San Salvador. Entendí que el camino comienza desde que se decide hacerlo, porque caminar es estar dispuesto a moverte, y ese hecho es en sí una gran metáfora. Moverte del lugar en el que vives, del lugar desde el que piensas, de una idea fija, moverte con todos los sentidos del lugar que ocupas en el mundo, sin más ayuda que la de tus propios recursos.
Preparar el camino es de por sí una experiencia. Por ejemplo, algo tan sencillo como pensar qué puedes llegar a necesitar. Cargar tu propio equipaje es un aprendizaje profundo. ¿Cómo se elige qué llevar? ¿Cómo saber si lo seleccionado es realmente necesario? Llevar de más puede terminar lastimándote la espalda. Llevar de menos te puede dejar en escasez, puedes pasar frío, quemarte con el sol. Saber qué cargar en la vida es todo un arte que siempre se está evaluando. En la vida, por lo general, siempre estamos aprisionándonos de cosas, como si anticipáramos una escasez. Esto es parte de un circuito de supervivencia, antes se pensaba en qué se necesitaba para guardar en el invierno cuando no habría cosechas ni animales; ahora se acumula dinero para comprar lo que suponemos necesitaremos: comida. Existe un “miedo” muy común que es el de quedarse con hambre, que falte energía. Este temor es natural, la neurociencia del cerebro está programaba para revisar la homeostasis del cuerpo y así reconocer de inmediato síntomas como fatiga, hambre o sed. Asegurarse de mantener satisfecha el hambre es una respuesta natural. Sin embargo, los pensamientos aprendidos de experiencias pasadas nos hacen preocuparnos de más. Quizá tú quieras asegurarte que no pasarás hambre y decides llevar tus barritas de proteína o frutos secos. Puedes llevar lo que tú quieres, pero lo vas a cargar.
Parte de tu camino es darte cuenta que ese miedo te empuja a cargar de más en la vida, de qué cosas te estas sobreprotegiendo y cuál es la incertidumbre que no puedes tolerar. Si tus pensamientos y planeaciones están recubiertos de por si las dudas o qué tal si sucede, o no vaya a ser, quizá necesitas comenzar a planear un camino y respóndete estas preguntas, no para desaparecer tu miedo más humano, sino para aprender a llevarte con él, a decidir con él, a caminar con él.
¿Cuántas cosas en la vida haces de más, gastas de más o cargas de más por si lo llegas a necesitar? Continuará…
