Sin señas particulares, La Civil y Ruido, el dolor de una madre buscadora

Por Marisol Escárcega* En noviembre pasado, durante una marcha, escuché decir a una mujer ya mayor que sí existe algo peor que la muerte de una hija o hijo, es su desaparición, y con ello, la incertidumbre de si está viv@ o no, dónde está y si, algún día, volverán ...

Imagen de la Mujer

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Por Marisol Escárcega*

En noviembre pasado, durante una marcha, escuché decir a una mujer ya mayor que sí existe algo peor que la muerte de una hija o hijo, es su desaparición, y con ello, la incertidumbre de si está viv@ o no, dónde está y si, algún día, volverán a verl@.

En México ésta es la realidad de miles de madres y padres que, a diario, buscan en los lugares más recónditos los restos de sus hij@s o de algún familiar de quien no saben su paradero.

En nuestro país, que una persona desaparezca es sinónimo de buscar sus restos en alguna fosa clandestina, en un baldío, en las coladeras, detrás de matorrales, lugares, de tan difícil acceso, que, hasta la misma policía lo piensa dos veces para ir.

De acuerdo con cifras oficiales, en nuestro país existen más de 111 mil personas desaparecidas y alrededor de 52 mil personas fallecidas sin identificar. Con esta situación innegable en México, tres directoras de cine (Teodora Mihai, Fernanda Valadez y Natalia Beristáin, éstas dos últimas mexicanas) retrataron a su manera, el viacrucis que viven tres madres en la búsqueda de sus hij@s desaparecid@s.

En Sin señas particulares (2020, Fernanda Valadez), Magdalena emprende la búsqueda de su hijo Jesús que se va de casa para trabajar en Estados Unidos y que, al no saber nada de él, comienza a buscarlo. En su camino se encuentra con un sinfín de obstáculos y conoce decenas de casos como el de ella, así como la constante indiferencia de las autoridades que, poco o nada, la ayudan.

Magdalena no se da por vencida, pero la policía quiere que firme el certificado de defunción del que, le aseguran, es el cuerpo de su hijo, sin embargo, ella sigue el rastro del autobús donde iba Jesús y trata de hablar con las personas que sobrevivieron al ataque de un grupo armado que los secuestra. El final es por demás sorpresivo.

En La Civil (2021, Teodora Mihai) se aborda la lucha de Miriam Rodríguez Martínez, madre que buscaba a su hija Karen Alejandra, de 16 años, quien fue secuestrada por un cártel del narco en San Fernando, Tamaulipas en 2014. La película, ganadora de varios premios internacionales y una ovación de ocho minutos en el Festival de Cannes para Arcelia Ramírez, quien interpretó a la madre buscadora, retrata a una mujer que, sin importarle el peligro, investigó, persiguió y amenazó a los secuestradores de su hija.

En ese afán, por saber el paradero de su hija, se encuentra que el pueblo donde vive está asolado por los cárteles del narco que tienen atemorizados a todos sus habitantes, a quienes les cobran derecho de piso. Cielo, nombre del personaje que interpreta Ramírez, emprende una búsqueda exhaustiva de los responsables del secuestro y muerte de su hija y logra llevarlos a la cárcel, sin embargo, al final se comete otra injusticia.

Por su parte, en Ruido (2022, Natalia Beristáin), tras la desaparición de su hija Gertrudis en un viaje con unas amigas y, al no recibir respuesta de las autoridades, Julia (Julieta Egurrola) se da a la tarea de buscarla personalmente.

En esa odisea se encuentra a una periodista que lleva años acompañando a otras madres buscadoras. Juntas se van a lotes baldíos, casas abandonadas y, apoyadas de drones, que tuvieron que aprender a usar para ubicar fosas clandestinas, localizan varios lugares donde encuentran restos humanos. El reencuentro con su hija no es el esperado.

Mención aparte merece el documental Las tres muertes de Marisela Escobedo, que relata la lucha de una madre por dar con el paradero de su hija Rubí y cómo, en cambio, se encuentra con la más aberrante indiferencia, impunidad y corrupción del Estado. Su caso es un referente del viacrucis que enfrentan las madres buscadoras en México.

Ver estas historias es terminar con lágrimas y con un infinito sentimiento de impotencia.

#NiUnaMás

                *marisol.escarcega@gimm.com.mx

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