Por Marisol Escárcega
Lo que sucedió esta semana con el multihomicidio en Atizapán es uno de esos casos que nos cimbran por todos lados.
No hace falta abundar más sobre lo que tod@s ya hemos escuchado y/o buscado por nuestra cuenta. Sin embargo, es este tipo de tragedias las que nos deben detener a todos, sobre todo a quienes trabajamos en medios de comunicación.
Cuando, como profesionales del periodismo y de la comunicación, nos dedicamos a informar sobre un suceso como el de Atizapán, se nos olvida con frecuencia que no estamos hablando de cosas, de un robo de joyas o dinero, sino de vidas que fueron arrebatadas con extrema violencia.
Como periodistas, pocas veces nos detenemos a pensar qué algoritmos generamos con la información que producimos, escribimos y compartimos en internet, nos decimos que nuestra labor es informar y dar a conocer un hecho sin preguntarnos qué enlaces o posteos saldrán cuando alguien teclee equis nombre en un buscador de internet o en alguna red social, ni mucho menos nos ponemos a pensar en el material audiovisual que se despliega tras esa búsqueda.
En un hecho de violencia o en una tragedia, el morbo le gana a la empatía. Siempre. Si fue un hecho muy sonado, vamos a buscarlo en internet y ni siquiera hace falta que escribamos santo y seña, pues con que tecleemos un nombre basta y sobra para que enseguida aparezcan enlaces a notas, imágenes o videos. Y ahí estamos consumiendo morbo y haciendo algo peor, revictimizando a las víctimas.
Y sí nos da coraje y rabia por lo sucedido, incluso puede que dejemos por ahí un comentario deseándole lo peor a los asesinos o violadores, pero, al final, lesionamos a quienes fueron víctima de un delito y de paso a su familia. Eso, querid@s compañer@s, es revictimizar.
Como periodistas, fotógrafos, comunicadores... nos escudamos con el clásico: “soy prensa”, “yo sólo informo”, “mi compromiso es con la verdad” y una sarta de retahílas que ni comprendemos.
Se nos olvida que, como profesionales de esta labor somos agentes de cambio social, por lo que no podemos sacarnos de la ecuación y alegar “privilegio de prensa”. Es absurdo.
Una cosa es informar y otra muy diferente lucrar con una tragedia. Repito: revictimizar.
Nada justifica que revictimicemos a una persona que fue sujeta de un delito, que falleció debido a eso o que sobrevivió, y se nos olvida también su familia, alteramos su duelo, agrandamos el dolor que de por sí ya viven.
Hace un par de años compartí en este espacio que “si la siguiente soy yo, si mi cuerpo es encontrado con huellas de violencia, no quiero que me recuerden así, porque, efectivamente, ésa ya no seré yo, ésa no fue mi vida”. Así que no caigamos en el juego, dejemos de viralizar la brutalidad que vivimos a diario y empecemos a canalizar en acciones la digna rabia que nos ha dejado la violencia que hay en el país.
Si como integrantes de medios de comunicación damos a conocer un hecho tan brutal, inenarrable, entonces con esa misma energía exijamos a las autoridades correspondientes que den justicia a las víctimas y que cumplan con su deber de velar por la integridad de tod@s.
Además, si ustedes ya lo olvidaron, les recuerdo que existe la Ley Ingrid, que básicamente prohíbe que se filtren, publiquen, compartan o vendan imágenes, audios, videos o información de una escena del crimen o de los cuerpos de las víctimas. Eso incluye a cualquier persona, en especial para cualquier integran los cuerpos de seguridad, primeros auxilios o prensa.
Si en realidad somos profesionales del periodismo entonces actuemos en consecuencia y contribuyamos a ejercer un periodismo responsable, con perspectiva feminista, es decir, que, en casos como el de Atizapán, generemos algoritmos con información clara, pero que no revictimice. Basta ya de generar morbo.
