Por María Patricia Herrera Gamboa*
Hablar de las mujeres en las letras hoy en día es voltear a ver a un sinfín de escritoras, poetas, cronistas, guionistas y periodistas, así como editoras, colaboradoras, correctoras de estilo, formadoras u otros oficios relacionados, muchas de ellas luchando desde el anonimato para hacerse notar de alguna manera, incluso editando sus propios libros, persiguiendo colectivos, editoriales o publicaciones que les ofrezcan la ansiada difusión, distribución y presentación de sus textos, a través de ferias, foros o portales.
La historia de esta lucha, se remonta muchos años atrás, cuando grandes escritoras, debieron enfrentar una sociedad que las marginó, incluso en muchos casos obligándolas a escribir con seudónimos, con nombres masculinos o mencionadas despectivamente como “la mujer de…”, en otra lucha desigual con los varones, siempre reconocidos y aplaudidos.
Aun así, en México muchas lograron la fama y el reconocimiento, cumpliendo el sueño y allanando el camino… Plumas poderosas y valientes, como nuestra musa Sor Juana Inés de la Cruz, pionera, poeta y erudita, figura de la literatura colonial; Rosario Castellanos, de las que iniciaron abordando la identidad femenina y el feminismo; Elena Garro, escritora talentosa y valiente, pero minimizada, quizás como el mejor ejemplo de represión del machismo inexplicable de “intelectuales” en su máxima expresión; Elena Poniatowska, escritora y periodista de narrativa testimonial; Guadalupe Loaeza, destacando con su narrativa satírica sobre la clase alta mexicana; Ángeles Mastretta, reconocida por visibilizar a mujeres fuertes en sus letras o Guadalupe Amor, que no sólo fue escritora y poeta, sino también actriz y modelo, dotada de una personalidad arrolladora; todas ellas, pilares en las letras mexicanas, exitosas, contemporáneas, cuyos textos merecidamente han recibido premios y reconocimientos.
También hay otras quizás no tan conocidas, pero no por eso menos talentosas, que han dejado y siguen dejando huella en la literatura mexicana con sus impresionantes textos: Irma Pineda, poeta e indígena zapoteca que escribe de forma bilingüe; Guadalupe Nettel, reconocida autora de misterio; Amparo Dávila, cuentista de historias fantásticas y de horror o Margarita Robleda, narradora, poeta, cantautora y editora, mayormente enfocada a la literatura infantil.
Y, por otro lado, están las mujeres actuales que no sólo son escritoras, periodistas o poetas, sino que además se dedican a impulsar a otras mujeres escritoras, como una actividad loable y sorora, aprovechando el amplio mercado digital, de entre ellas destacan Lorena Rivera, periodista especializada en temas ambientales, coordinadora general de Opinión y la sección Imagen de la Mujer en Excélsior; la doctora Odette Méndez, presidenta de la Academia de Literatura Latinoamericana que desde San Luis Potosí, hasta fuera de nuestras fronteras, apuesta al talento a través de la organización de foros internacionales, o Cristina Liceaga quien, junto con otras escritoras, creó la Feria Nacional del Libro de Escritoras Mexicanas, con presencia en diversas sedes de la República Mexicana y, afortunadamente, la lista de ellas es larga, pero corto el espacio, mujeres que también impulsan publicaciones exclusivas para escritoras.
Y es que las mujeres tenemos mucho que decir, que hablar y que contar a través de nuestra pluma, transparente y sensible, pero también clara y contundente, que ya nadie callará, al contrario, porque ahí están, las escritoras jóvenes para continuar alzando la voz a través de la palabra escrita. ¡Un aplauso para todas nosotras!
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