El aborto ante los ojos de una mujer
Por Ma. Patricia Herrera Gamboa Controvertido y cruel tema a tratar en México, las mujeres sufrimos el acoso de los medios, de las asociaciones que se dicen provida de los derechos humanos, la Iglesia y no sé cuántas más. Muchos hombres, señalan con dedo acusador, ...

Imagen de la Mujer
Imagen de la Mujer
Por Ma. Patricia Herrera Gamboa
Controvertido y cruel tema a tratar en México, las mujeres sufrimos el acoso de los medios, de las asociaciones que se dicen pro-vida de los derechos humanos, la Iglesia y no sé cuántas más. Muchos hombres, señalan con dedo acusador, incluso nos tachan de prostitutas, porque “no lo pensamos mejor” antes de ¡abrir las piernas o irresponsables por no usar un condón! ¡Cómo es posible! ¿Quién les dio el derecho de juzgar tan implacablemente?
Los hombres nunca estarán en esa disyuntiva. El aborto es la cosa más cruel que puede sufrir el cuerpo de una mujer y la decisión de llevarlo a cabo no tiene nada que ver con prostitución ni promiscuidad ni mucho menos un descuido por la calentura de una noche de pasión, ¡claro que no!
Es una de las decisiones más terribles que tiene que tomar una mujer, porque en ello se le puede ir la vida, o quizás perder la oportunidad de lograr tener un hijo más adelante, es por ello que la mayoría de las mujeres que lo hacen seguramente están desesperadas, sin otra alternativa.
Quizás se trate de una adolescente confundida, desinformada y aterrada por uno padre machista ‒que lamentablemente todavía existen y muchos en este país‒, que no encuentra cómo decirlo y se deja llevar por consejos de otras personas. Puede tratarse también de una madre de seis hijos que vive en la miseria, con un marido alcohólico y golpeador que “para no perderla” la somete y la tiene eternamente embarazada. O bien, cuántas mujeres han sido violadas por un asqueroso ser y además quedaron preñadas.
En el caso de la adolescente, siendo inocente e inexperta y con el temor a un padre violento, se ve en la necesidad de llevar a cabo un aborto, que quizás la desgracie para siempre, porque la mayoría se hace de forma clandestina, con comadronas o “médicos” sin escrúpulos, en un ambiente sucio y degradante y con nulo o escaso instrumental médico y lo que ello implica para la salud de esa pequeña.
Y la mujer del alcohólico golpeador, que la tiene amenazada, manipulada y sometida, que no tiene que darles de comer a sus otros hijos y ¿qué otra cosa puede hacer?, recurrir a un aborto para no seguir trayendo hijos a este mundo, sin futuro, aunque en ello también se le pueda ir la vida, que quizás prefiera perder.
¿Ustedes se imaginan qué siente una mujer después de sufrir una violación por parte de un desgraciado? Ella y sólo ella lo sabe. Quizá se sienta manchada, denigrada y ultrajada en su cuerpo y en su mente. Será una cicatriz física y mental que no podrá olvidar por el resto de su vida y si a ese dolor se suma el quedar embarazada, producto de esa vejación, tiene todo el derecho de decidir no traer al mundo a un hijo que también sufrirá al saber que no es producto del amor, sino de la violencia hacia su madre.
Ahora bien, éstos son sólo tres ejemplos de muchos particulares y personales de no sé cuánta cantidad de mujeres mexicanas y la pregunta es muy sencilla, todos aquellos que juzgan y señalan, incluso otras mujeres ¿se harán cargo de ellas?, ¿darán de comer a esos hijos, por los que tanto luchan y exigen se respeten sus vidas?, ¿lo harán?
¡Claro que no! Ni siquiera les importa cómo se llaman, dónde viven o con quién, si están bien de salud o si son felices. ¡Nadie debe juzgar a nadie, el aborto debe ser y es una decisión que sólo le incumbe a una mujer y a nadie más!
El aborto ha existido y seguirá existiendo a pesar de todo y de todos. Sería mejor brindar las condiciones higiénicas y de salud, a la mujer que así lo decida, porque de no hacerlo, las muertes maternas por esta práctica continuarán por siempre.
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