¿Cuánto tienes en tu cuenta de ahorro de salud?

Imagen de la Mujer

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Por Mariel Hawley* 

Hay decisiones cuyos efectos apenas percibimos cuando las tomamos. Sus consecuencias se acumulan con el tiempo y sólo entonces entendemos cuánto importaban. Con la salud ocurre algo parecido: solemos reconocer su valor cuando comienza a faltarnos y pensamos en cuidarla cuando estamos intentando recuperarla.

Llegar tarde a la prevención tiene un alto costo colectivo. En México, el IMSS, el ISSSTE y el IMSS-Bienestar destinan cerca de 180 mil millones de pesos a atender consecuencias médicas del sobrepeso y la obesidad, entre ellas diabetes, hipertensión y enfermedad renal crónica, de acuerdo con cifras oficiales de 2025. Tan sólo en el IMSS, 40% de las atenciones en las Unidades de Medicina Familiar están asociadas con diabetes, hipertensión u obesidad.

La magnitud de esas cifras debería llevarnos a mirar no sólo lo que hacemos cuando la enfermedad aparece, sino lo que ocurre antes. ¿Cuánto estamos invirtiendo hoy para construir la salud que necesitaremos mañana?

Prevenir no significa suponer que todas las enfermedades pueden evitarse ni que nuestra salud depende exclusivamente de nuestras decisiones individuales. Significa reconocer que existen aspectos sobre los que sí podemos actuar para reducir riesgos y construir mejores condiciones de salud. Uno de ellos es la actividad física.

He dedicado buena parte de mi vida profesional a promoverla y he confirmado algo: difícilmente podemos tomar mejores decisiones sobre aquello que no comprendemos. Informar no es decirle a alguien cómo debe vivir, sino darle herramientas para elegir mejor dentro de su realidad. El desafío de moverse, del Instituto Nacional de Salud Pública, la investigadora Alejandra Jáuregui de la Mota advierte que suelen utilizarse los conceptos de actividad física, ejercicio y deporte como sinónimos, pero no lo son. Caminar para trasladarnos, jugar con nuestros hijos o pasear a una mascota también implican actividad física.

Eso no significa que moverse sea igual de fácil para todos. Jáuregui señala que nuestras posibilidades de activarnos están condicionadas también por los entornos en los que vivimos. Pero eso no impide observar las oportunidades que existen en nuestra cotidianidad.

No todo movimiento requiere una membresía, instalaciones deportivas o una hora entera disponible en la agenda. Ir al gimnasio o a pilates tres veces por semana no resuelve el problema de pasar ocho horas sin movernos en la jornada laboral. Tan importante como hacer ejercicio es preguntarnos cuánto nos movemos durante el resto del día.

La pregunta importa: un análisis del Instituto Nacional de Salud Pública muestra que la inactividad física entre los adultos mexicanos pasó de 15.4% en 2012 a 19.8% en 2022.

Aquí es donde cobra sentido pensar en una cuenta de ahorro de salud. En mis conferencias suelo usar esa referencia porque una cuenta no se construye con una gran aportación ocasional, sino con constancia. Con el movimiento ocurre algo parecido: caminar, levantarnos después de permanecer sentados mucho tiempo, bailar, jugar, subir escaleras o dedicar un tiempo al ejercicio son oportunidades para mantener al cuerpo activo.

No se trata de hacerlo perfecto. Movernos hoy no garantiza que nunca enfermaremos, pero la actividad física es una herramienta para reducir riesgos y contribuir a nuestra salud a lo largo de la vida.

Tal vez necesitamos dejar de pensar en la salud sólo como algo que intentamos recuperar cuando la perdemos y comenzar a reconocer todo lo que podemos construir antes.

Porque movernos hoy también es construir patrimonio, es invertir en la persona que queremos ser mañana.

*Abogada, nadadora de aguas abiertas, promotora de la actividad física y directora de Queremos Mexicanos Activos