Vergüenza no es derrochar…

Al que le urge un viaje es a don Adán Augusto López, al que tildan de barrendero, pese a su alto cargo. Las transas de su jefe de Policía en Tabasco lo transformaron en alma en pena, al extremo de que ya le apodan Adisgusto porque, como se dice vulgarmente, el montón de denuncias de prensa lo encueró, lo dejó en traje de Adán, y no quita la vista de su Patek Philippe, a ver a qué horas le paran.

¡Chale, chale! ¡Ya bájenle! ¿Qué? Ora van a decirnos en qué mesón, posada o banca de algún parque nos vamos a dormir. Ni nuestra jefecita santa —si es que la tenemos— nos dice a dónde hay que ir ni dónde vamos a caer. Cuando viajamos a Europa o al país del sol naciente, nos subimos a un avión y en clase premium, ni modo que nos vayamos a pie. Estamos en el segundo piso de la 4T, más arriba que endenantes.

Pero, como dice el Roñas, esos criticones son unos clasistas envidiosos, méndigos chairos que jamás viajarán a otros países. Son racistas porque lo ven a uno medio blanquito y hacen una muina. Son hipócritas porque ellos, en el fondo, quisieran ser como nosotros, comer en buenos lugares, llegar a hoteles de cinco estrellas, vestir garritas de marca y chupar champaña de dos mil dólares la botella, ¿no?

Más pior es si nos hallan con una chava de no malos bigotes, como le pasó al diputado Enrique Vázquez, a quien nadie conoce en México, pero lo hallaron en Ibiza y pa’pronto lo retrataron con una bailarina muy prestapacá. ¿Qué querían? Esas damas no se nos arriman por nuestro dinero, no. Es porque a todos lados llevamos el humanismo mexicano y, como tenemos roce social y pegue, pos ya la hicimos con las morras, ¿no? Pero esos críticos chupatintas ladran porque nunca le podrán llegar a una nena de ésas.

Que Andy mandó al carajo la reunión del Consejo Nacional de Morena para irse a Japón, pos allá él. Y como se hospedó en un hotel de cinco estrellas, las malas lenguas lo condenan. Pero es su feria o, más bien, la que le arrejuntó su apá, y tiene derecho a irse a echar un suchi, porque dicen que allá está de suchi (je, je)... Pero quisieran ver al hijo de un expresidente mendigando para un taco. No, eso no lo verán, porque México sigue siendo dadivoso con los daddies y su prole.

Se quejan también de que Daniel Asaf anda por Japón rolándola con Andy. Pos sí, porque está tomando aire después de seis años de aguantar la respiración, pues él era el jefe de ayudantes de su apá, que entonces era el Preciso.

Critican a don Ricardo Monreal porque lo vieron desayunando en el hotel Villa Magna de Madrid con el empresario Pedro Haces, su lugarteniente en la Cámara de Diputados y ejemplo morenista del neocharrismo sindical. Otra vez hay que preguntar: ¿querían a esos personajazos entrándole a los tacos de canasta en la Merced? ¿Esperaban que asistieran a la reunión de Morena a escuchar los rollos de siempre? Pos no, gandallas, todo hombre de trabajo merece un descanso.

Y luego mandan a los periódicos una foto del señor secretario de Educación comiendo en un restaurante de Lisboa, que buena falta le hacía porque, con tanto trabajo, don Mario le hace honor a su apellido: está Delgado, como esos profesores a quienes la SEP les paga una miseria.

Al que le urge un viaje es a don Adán Augusto López, al que tildan de barrendero, pese a su alto cargo. Las transas de su jefe de Policía en Tabasco lo transformaron en alma en pena, al extremo de que ya le apodan Adisgusto porque, como se dice vulgarmente, el montón de denuncias de prensa lo encueró, lo dejó en traje de Adán, y no quita la vista de su Patek Philippe, a ver a qué horas le paran.

Ante el panorama que interesadamente pintan los periodistas, inches generadores de odio, miserables practicantes de nado sincronizado, como dice la emperatriz jarocha Rocío Nahle, la Presidenta ya estableció que “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. Y ya no lo hay, pues El Peje dejó vacías las arcas públicas, de modo que ahora también el gobierno es pobre, muy pobre, aunque anda metido en gastos un tanto exageraditos, como la millonada con que quieren sanear las finanzas de Pemex, pero sin tocar a la mafia sindical heredada del priismo. En fin, que ahora tenemos gobierno pobre con pueblo pobre, pero, eso sí, con políticos de mucho billete.

El Apóstol de Palenque dejó dicho que un buen morenista debe tener sólo un par de zapatos y nada más 200 pesos en la cartera. El problema para los viajeros es que, luego de caminar por el mundo, se quedan descalzos y que los 200 pesos se los gastaron en propinas. Menos mal que tienen tarjetas de crédito. Y, como decía un político de la vieja guardia: vergüenza no es derrochar, sino que lo agarren a uno. ¿O cómo era?

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