¿Por qué puede perder Morena?
Morena gobierna en 23 entidades y, salvo dignas excepciones, lo hace mal. No pocos de los gobernadores morenistas son de probada y pública incapacidad. Especialmente lamentables son los casos de Morelos, con Cuauhtémoc Blanco; Veracruz, con Cuitláhuac García; Campeche, con Layda Sansores; Guerrero, con Evelyn Salgado y su papá; Chiapas, con Rutilio Escandón...
Hasta ahora, los partidarios de Morena se dicen seguros de su triunfo en la elección presidencial. Todos los días se publican reales o presuntas encuestas que le dan a Claudia Sheinbaum ventaja de 40 puntos o más, lo que, de ser cierto, debería quitarle toda preocupación a toda la militancia cuatroteísta, lo que, desde luego, no se observa.
Las encuestas más generosas con uno u otro candidato generalmente son maiceadas, meros trajes sobre medida y al gusto del cliente, pues proyectar una imagen de triunfo seguro estimula a los seguidores y desanima a los votantes del bando contrario. Pero no todos los muestreos conceden tanta ventaja a la abanderada de Morena, pues una cercanísima colaboradora de Xóchitl Gálvez afirma que la diferencia entre ambas aspirantes es de sólo siete puntos, la firma Áltica dice que son 12 y El Financiero sube hasta 17. Sobra decir que esas tres mediciones están lejos de dar por segura ganadora a Sheinbaum.
Por supuesto, la tarjeta Bienestar juega un papel importante, pero tampoco es una garantía absoluta de triunfo. Una medición reciente señala que casi 60% de los beneficiarios de las pensiones votará por Morena, por lo cual queda un 40% que está por verse. De los que no tienen la llamada tarjeta Pejemático, sufragarán por el partido guinda dos de cada tres, o eso dicen.
La frecuencia de los linchamientos o de los intentos de hacer justicia al modo de Fuenteovejuna muestran el hartazgo con la inseguridad y, especialmente, con la política de “abrazos, no balazos”. Sobra decir que cada día aumenta el poder de los llamados cárteles, que tienen bajo su control cada vez más territorio. Son capaces de asesinar a unos candidatos y amedrentar a otros y poco les importan las víctimas ajenas al pleito. Lo triste es que la justicia sigue ausente en más de 90% de los casos.
“Nunca, nunca en la historia, habíamos escuchado o visto en la televisión o leído en los periódicos tanta nota roja”, dijo esta semana el presidente López Obrador. Y tiene razón, pues cada día crece el número de asesinados por las mafias, el cobro por “derecho de piso”, el armamento de los cárteles y su influencia política sin que se escuche en las campañas algo que parezca un plan político-policiaco para enfrentar en serio y con esperanza de éxito a los criminales.
Morena gobierna en 23 entidades y, salvo dignas excepciones, lo hace mal. No pocos de los gobernadores morenistas son de probada y pública incapacidad. Especialmente lamentables son los casos de Morelos, con Cuauhtémoc Blanco; Veracruz, con Cuitláhuac García; Campeche, con Layda Sansores; Guerrero, con Evelyn Salgado y su papá; Chiapas, con Rutilio Escandón; Sinaloa, con Rubén Rocha; Tabasco, con Carlos Manuel Merino; Zacatecas, con David Monreal, y Baja California, que ya pasó por el desastre con Jaime Bonilla, pero es tal la inseguridad, que la alcaldesa de Tijuana vive y despacha en un cuartel mientras la gobernadora, Marina del Pilar Ávila, muestra una gran sonrisa de satisfacción. Agrégase a la lista Ricardo Gallardo Cardona, gobernador de San Luis Potosí, del PVEM, aliado de la 4T.
En enero de 2015, Gallardo Cardona fue arrestado por la PGR acusado de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita. Estuvo preso casi un año y fue liberado cuando un juez ¡de Hermosillo! consideró que el Ministerio Público federal no pudo probar las acusaciones. En septiembre de 2021 tomó posesión como gobernador.
La prensa insiste en señalar los oscuros negocios de personajes cercanos a AMLO, la protección a Ignacio Ovalle, responsable del desfalco en Segalmex; la súbita riqueza de Rocío Nahle, el disimulo ante los manejos de Ana Guevara, el manto protector tendido sobre Francisco Garduño, pese a los muertos y el criminal trato a los migrantes en Ciudad Juárez, etcétera, etcétera.
A lo anterior hay que agregar que continúa la concentración de la riqueza en menos del uno por ciento de la población, que es implacable la guerra contra el Suprema Corte y que no pocas instituciones han sido arrasadas u hostilizadas, como el Inai, incompleto desde hace 732 días. Para complicar la situación de Morena, este año el gobierno enfrenta una escasez de agua sin precedente. ¿De veras creen que la victoria es segura?
