Necesario poner distancia
Claudia Sheinbaum practica y recomienda la calma ante la demencial y ofensiva actitud del desquiciado, actitud que, hasta ahora, ha logrado contener las peores salvajadas del nuevo führer, pero ha sido a un alto costo para la dignidad republicana, pues México ha hecho concesiones en otro momento inaceptables.
Se ha hecho costumbre que Donald Trump elogie a la Presidenta mexicana cada vez que se comunican, sólo para que al día siguiente se exprese despectivamente de ella, de los mexicanos y adopte medidas que contravienen lo acordado el día anterior.
Claudia Sheinbaum practica y recomienda la calma ante la demencial y ofensiva actitud del desquiciado, actitud que, hasta ahora, ha logrado contener las peores salvajadas del nuevo führer, pero ha sido a un alto costo para la dignidad republicana, pues México ha hecho concesiones en otro momento inaceptables.
Se entiende que a nuestro país le conviene mantener relaciones normales con el país vecino, pues el grueso de sus intercambios mercantiles se realizan con la potencia del norte.
Sin embargo, con frecuencia se olvida que el Tratado de Libre Comercio, ahora conocido por la sigla T-MEC, era, entre otras cosas, para reducir la carga fiscal de importaciones y exportaciones, lo que hoy parece olvidado.
Los ladridos del sátrapa pelirrojo nada tienen que ver con una relación constructiva y respetuosa, pero así nos la quieren vender, pese a las amenazas descaradas de intervención militar, mediante drones y aun de efectivos militares.
Hace 178 años que se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en el que México se vio obligado a ceder la mitad de su territorio, pues las tropas gringas ocuparon la Ciudad de México y toda resistencia fue aplastada gracias, entre otras cosas, a los compromisos que habría contraído Antonio López de Santa Anna cuando estuvo prisionero en Washinton.
Por México firmaron el tratado tres políticos conservadores: Bernardo Couto, Miguel Atristáin y Luis G. Cuevas, lo que resulta paradójico, porque, a diferencia de hoy, en el siglo XIX la derecha estaba lejos de admirar a Estados Unidos, país que les resultaba antipático por considerarlo refugio de protestantes y una cultura proclive al pecado. Por supuesto, detrás de la ideología estaban los intereses mercantiles, pues para las clases opulentas importaba más obtener la paz que salvaguardar la patria.
Así, pues, se firmó aquel tratado a cambio de 15 millones de pesos que Washington pagó en abonos fáciles y retrancados. Pero quedó la herida en la conciencia nacional de los mexicanos, una herida que no cierra pese al entreguismo de no pocos gobernantes, pues aprendemos desde niños que Estados Unidos nos robó la mitad del territorio.
Las relaciones nunca han sido fáciles, pero ahora, con el energúmeno, las cosas han caído a un nivel inaceptable. Nuevamente lo demostró ahora que, en son de triunfo, Donald Trump y la derecha pronazi de su país celebraron el despojo.
Lo dicho por el mandatario gringo es elocuente:
“Conmemoramos el aniversario número 178 del triunfo de nuestra nación en la guerra México-Estados Unidos, una victoria legendaria que nos aseguró el suroeste de EU, que reafirmó la soberanía de EU”, como si aquella guerra de rapiña hubiera sido en defensa del país del norte, que nunca estuvo amenazado por México.
Ante tamaña grosería, la presidenta Claudia Sheinbaum declaró: “No somos Santa Anna, hay que defender la soberanía siempre”. Pues sí, pero, lamentablemente, hasta ahora no se ha adoptado, por parte del gobierno, ninguna medida e, incluso, se levantó una estatua para la mujer que es símbolo de la entrega al invasor, pues así consideramos los mexicanos a la Malinche, que ahora puede ser venerada por los entreguistas en el Paseo de la Reforma.
México vive bajo una permanente amenaza intervencionista. Puede entenderse la actitud blandengue de un tipo como Enrique Peña Nieto, pero francamente se esperaba una actitud más digna por parte de Andrés Manuel López Obrador, quien cerró el paso a los migrantes de otros países y cedió una y otra vez ante el sátrapa, al que incluso rindió homenaje en Washington.
Claudia Sheinbaum tiene una hoja de servicios al país que está muy lejos del entreguismo de su antecesor. Lo que se esperaría es una actitud más decidida para ampliar y mejorar nuestras relaciones internacionales, estrechar lazos con Canadá, abandonar la retórica divisionista hacia los mexicanos y, lo más importante: parece llegada la hora de poner en pie y en marcha a todos los ciudadanos. México está bajo asedio y hay que prepararse para lo peor.
