La guerra civil del Mencho

Merece una amplia solidaridad que el secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla, hombre forjado en las duras y peligrosas actividades de su profesión, haya mostrado su pesar por los 25 uniformados que dieron su vida en la operación. Haber expresado su sentimiento enaltece a ese digno militar.

Cayó por fin Nemesio Oseguera, El Mencho, quien fungió en los últimos meses (¿o años?) como capo di tutti capi, dirían en Italia, país donde las mafias tienen un fuerte arraigo social, como ocurre con varios cárteles mexicanos, que en ciertas regiones del país gozan del apoyo y simpatía de la población porque reciben las migajas de los negocios criminales.

Hay que celebrar el éxito de la operación contra el líder mayor del narco y otros negocios, y digo otros negocios porque, en la lógica del capital, la fortuna financiera, lícita o no, tiende a extenderse a diversos ramos, legales e ilegales.

Igualmente, merece una amplia solidaridad que el secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla, hombre forjado en las duras y peligrosas actividades de su profesión, haya mostrado su pesar por los 25 uniformados que dieron su vida en la operación. Haber expresado su sentimiento enaltece a ese digno militar.

Oseguera no fue un simple delincuente. Su imperio se extendió a Estados Unidos, Europa, Asia, África y Oceanía para un total de 40 a 60 países. Con tamaño poder, resulta explicable que contara con carros blindados, armamento, en ciertos aspectos, superior al de las instituciones estatales, y no sería de dudarse que dispusiera también de barcos y aeronaves. Por citar un caso, impactaron un helicóptero con el disparo de un lanzacohetes.

Por ese despliegue de poder es que la autoridad del Mencho sobre su gente iba más allá de la mera obediencia, pues se manifestaba en una especie de adoración hacia su persona, como lo exhibió la respuesta de sus huestes ante la aprehensión.

Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno federal, informó que hubo 25 bloqueos en 11 estados, aunque versiones periodísticas mencionan más de 250 bloqueos en 20 entidades, 671 autos quemados sólo en Jalisco y Nayarit, numerosas escuelas cerradas para no arriesgar la vida de los niños, corridas de autobuses y vuelos suspendidos, un centenar de tiendas de conveniencia y 22 sucursales del Banco de Bienestar incendiadas, decenas de detenidos y un número indeterminado de heridos (sólo en Jalisco se reporta que hubo 58 muertos), a lo que debe agregarse la fuga de 23 reos de la cárcel de Puerto Vallarta por la intervención de un grupo armado. En una palabra, terror; sí, terror puro y duro.

Por supuesto, el gobierno deberá informar qué pasó, pues dice El País que en la operación participaron 25 mil efectivos, entre otros, un cuerpo de élite. Ante tal superioridad del contingente oficial, resulta difícil entender por qué tuvieron tantas bajas frente a un grupo de pistoleros muy inferior en número.

Las fuerzas del Estado mexicano tienen por delante un inmenso trabajo, pues cada vez que abaten o encarcelan a un capo, sus lugartenientes se disputan la herencia, por lo cual es previsible que en muchos lugares de la República ocurran no pocos hechos de violencia, lo que incluye la Ciudad de México.

Con la muerte del Mencho, los políticos ligados a los narcos pudieron respirar tranquilos, pues, de sobrevivir, ya estaría aportando nombres en una cárcel de Estados Unidos, no en México, porque el gobierno morenista se dedica a cazar capos para entregarlos religiosamente al gobierno gringo, como una especie de tributo que hemos de pagar al imperio.

Algunos funcionarios del país vecino se congratularon por la aprehensión y debemos suponer que también por la muerte del Mencho, pues allá también hay muchos que sirven a quien paga mejor, que es el narcotráfico. No obstante, Donald Trump aprovechó lo ocurrido para exigirle a México “intensificar esfuerzos”. Pero la pregunta obligada es ¿cuándo el gobierno del greñudo se dedicará a perseguir narcos en su territorio? No olvidemos que Estados Unidos tiene, y por mucho, el campeonato mundial de consumo de drogas.

Ante los hechos, cabe insistir en que la pacificación requiere una despenalización severamente reglamentada de las drogas y la creación de un monopolio estatal para su venta. Por lo pronto, como la violencia puede continuar, el gobierno mexicano llama a la ciudadanía a presentar un solo frente. Muy bien, pero eso requerirá que las conferencias mañaneras dejen de ser tribuna para atacar disidentes. ¿Lo entenderán?

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