Corte y cortesanos

Desde el sexenio pasado, la indispensable neutralidad del INE y el TEPJF se fue minando con el nombramiento de contlapaches de Morena hasta garantizarse una cómoda, aunque vergonzosa, mayoría en ambos órganos. El número siguiente de esa feria de ilegalidades ha sido la sucia elección de jueces, magistrados y ministros de la Suprema Corte (¿cortesanos?).

Para Norma Piña, ejemplo de dignidad.

Primero, con 54% de los votos, Morena y sus rémoras se regalaron un buen número de diputados plurinominales y, para alcanzar la mayoría de 75%, sin escrúpulo alguno, sencillamente compraron a varios diputados del PRI y del PAN, porque continuar con la destrucción de instituciones requería convertir el Congreso en Barredora, en lo cual es experto el coordinador de Morena en el Senado.

Desde el sexenio pasado, la indispensable neutralidad del INE y el Tribunal Electoral se fue minando con el nombramiento de contlapaches de Morena hasta garantizarse una cómoda, aunque vergonzosa, mayoría en ambos órganos.

El número siguiente de esa feria de ilegalidades ha sido la sucia elección de jueces, magistrados y ministros de la Suprema Corte (¿cortesanos?). Todo un circo que apenas pudo llevar a las urnas a 13% de los electores, pero sin recato y pisoteando el respeto que merece la ciudadanía, las autoridades integraron una nueva judicatura con menos de diez por ciento de los votos.

Esa ínfima cifra de sufragantes merecía anular todo un proceso, pues sus resultados fueron y son ilegítimos. Lo procedente era empezar de nuevo, pero convocando a todas las diversas fuerzas políticas para establecer normas aceptadas por todos, pues no es poca cosa suprimir un Poder Judicial notoriamente defectuoso para imponer uno peor.

La artería estaba a la vista de todo el mundo, pero, olvidados los escrúpulos, se dio entrada a unas pocas quejas y, como exigían sus patrones, la mayoría morenista del INE procedió conforme al guion, dio por buena la farsa, le cerró el paso a toda protesta y el próximo lunes los fieles del cuatroteísmo celebrarán el estreno de un traje hecho a la medida, aunque manchado de indignidad.

Vestirán toga y birrete decenas de individuos que ni siquiera cumplen con el requisito de escolaridad que fijó el Poder Legislativo, llegarán a magistrados y hasta ministros los premiados con la tómbola o los acordeones ante la carcajada de quienes han observado el proceso fuera del país.

Como también se ha impugnado la elección de integrantes del Tribunal de Disciplina Judicial y se demandaba anular la elección de esos señores, el magistrado Felipe de la Mata dijo que, para hacerlo, “la infracción debe ser grave” (¿y el reparto de acordeones no lo es?) y “los hechos deben estar debidamente probados”, porque las múltiples denuncias aparecidas en los medios de comunicación no prueban nada para el magistrado que padece una avanzada ceguera.

Otro caso ilustrativo de la improvisación con que procedieron los cuatroteros es que el citado Tribunal, encargado de seguir la actuación de los togados, de controlar y administrar los 80 mil millones del presupuesto judicial, dejará a México sin juzgados durante dos semanas, pues, de acuerdo con la magistrada María Emilia Molina, corresponderá a ese órgano “la decisión de a qué órgano jurisdiccional va cada juez o magistrado, es decir, la médula de la justicia en México”, lo que les llevará, por lo menos, 15 días. Es cierto, pero los integrantes de tan alto Tribunal no tienen idea de quiénes son los juzgadores.

En estas condiciones, el próximo día primero irán los 800 y tantos favorecidos —jueces, magistrados y ministros— a rendir protesta ante el Senado de la República, una ceremonia a la que, se prevé, asista la presidenta Claudia Sheinbaum, así como los consejeros del INE y los magistrados del Tribunal Electoral y seguramente otros funcionarios del Poder Ejecutivo. Lo ideal para el morenismo sería que llegara el Señor del Gran Poder, pero no lo hará, pues dicen que es candidato a que lo secuestre la DEA por sus amistades ligadas al narco.

El Poder Judicial, el que está por arribar —suponemos—, rentó en un hotel cercano al Senado el espacio necesario para recibir a los familiares de los 800 y tantos nuevos juzgadores, quienes podrán seguir la ceremonia en circuito cerrado mientras le entran a los canapés y a los tragos que habrán de servirse con largueza, como lo merece la ocasión, aunque el colega Alfonso Zárate se pregunta por qué no celebra cada quien en casita para evitar tan innecesario gastazo. Quizá porque la moreniza cree que el derroche aporta legitimidad.

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