Antisemitismo sin respuesta

El sábado pasado, la avenida Masakyk fue escenario de un despliegue de ignorancia y estupidez. Un centenar de personas desfiló lanzando consignas contra Israel y contra los judíos, así, “los judíos”, todos, sin excepción. Según los manifestantes, su presencia era para condenar la agresión contra los palestinos, pero más precisamente, aquello parecía un episodio de las bestias pardas del nacional socialismo.

Por supuesto, el pueblo palestino requiere de una amplia y decidida solidaridad, pues los crímenes de Hamás no fueron cometidos por todos y cada uno de los habitantes de Gaza, sino por un grupo terrorista que no pide permiso a los gazatíes ni cuenta con base legal alguna para desplegar su vandalismo criminal.

La conciencia civilizada debe condenar sin rodeos el ataque de octubre de 2023 de Hamás, que en esa ocasión lanzó cinco mil cohetes contra territorio de Israel, dispuso el ataque de sus milicianos contra varios puestos militares (no bases, sino puestos militares), asesinó masivamente a los civiles asistentes a un festival musical, se lanzó contra pequeños poblados, ejecutó asesinatos indiscriminados de hombre, mujeres, niños y ancianos, se produjeron violaciones masivas y otros horrores.

El gobierno israelí tuvo repetidos informes de sus servicios de inteligencia, los que advertían de un inminente ataque de Hamás. Incluso, el presidente de Emiratos Árabes Unidos se lo comunicó personalmente a Netanyahu y lo mismo hizo el ministro egipcio de inteligencia, pero el gobernante israelí pretendió minimizar el asunto, mientras que mantenía conversaciones con el gobierno gazatí y al mismo tiempo realizaba ataques contra bases de Jamás.

Sin embargo, en los tres años transcurridos desde aquellos hechos, no se ha dicho por qué, en los días inmediatamente anteriores a los hechos, el gobierno de Netanyahu retiró los contingentes militares que resguardaban su frontera sur, pero lo hizo pese a reiterados informes de los servicios de inteligencia de Israel, considerados los mejores del mundo, como lo confirmó The New York Times, que con base en documentos irrefutables señaló que sí se informó repetida y oportunamente.

En tales condiciones, es obvio que Netanyahu operó lo anterior, pues de ese modo y a costa de la vida y la seguridad de los propios israelíes, tuvo pretextos para desatar la carnicería que dura ya tres años y pretende continuar, como ahora lo sugiere la compra a Estados Unidos de 40 mil bombas, de casi una tonelada cada una, “con capacidad de lanzar fragmentos de metal en todas direcciones a lo largo de miles de pies” y atravesar metal y hormigón, según dice el corresponsal de Excélsior, Manuel Ocaño. Armas de tales características acrecientan el peligro para la población civil palestina, en medio de la cual se esconden los guerrilleros de Jamás.

En la misma línea, el ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir dijo que 30 o 40 palestinos por noche debían se asesinados. Los preparativos de Netayahu para continuar la matanza hablan elocuentemente de sus propósitos, pues mientras se mantenga el estado de guerra no habrá elecciones y él seguirá al frente del gobierno, pese que en las encuestas su popularidad se ha desplomado y de que tiene orden de aprehensión del Tribunal Internacional de La Haya y el odio de gran parte de la humanidad.

En ese panorama, lo que debería llevar a una repulsa generalizada contra la violencia, ha generado brotes de antisemitismo en varios países. Lamentablemente, ha faltado una enérgica condena del gobierno mexicano a los actos genocidas de Netanyahu y sus compinches. Dentro de la comunidad judía de México ha faltado que los sectores pacifistas se manifiesten con toda claridad,

En los primeros días del conflicto, un grupo de judíos mexicanos publicó un desplegado periodístico que condenaba la violencia de ambas partes, pero algo ocurrió dentro de esa comunidad, porque no se ha vuelto a saber que el genocidio sea rechazado por los sectores democráticos del judaísmo de nuestro país. Hay explicaciones históricas para para guardar ese silencio, pero ningún daño le hará a los sectores democráticos de dicha comunidad que muestren públicamente su repulsa hacia la guerra. Ojalá lo hagan.