Alessandra en el lavamanos

Valiente, bella, carismática y hábil de palabra, Alessandra Rojo de la Vega Piccolo apuntaba para ir en ascenso, sobre todo porque durante la campaña electoral por la alcaldía Cuauhtémoc de 2024 sufrió un atentado y porque, ya elegida, su contrincante denunció irregularidades en medio millar de casillas, ante lo cual supo pelear jurídica y políticamente, y el Tribunal Federal Electoral ratificó su triunfo.

En cambio, el atentado no se aclaró debidamente. El pistolero responsable fue detenido y está en prisión después de confesar que le habían pagado para matar a la hoy alcaldesa, pese a lo cual la policía fue incapaz de averiguar quién ordenó el intento de homicidio o, sabiéndolo, prefirió callar.

Semanas después de asumir su actual cargo, se reunió con la Comisión de Presupuesto del Congreso capitalino y denunció irregularidades y potenciales corruptelas de su antecesora, Sandra Cuevas, mujer que, como se ha publicado, tiene ligas con la Unión Tepito, pero se mantiene impune. Días después, la licenciada Rojo de la Vega empezó a ser amenazada, por lo que presentó una denuncia penal que, a la fecha, no ha dado resultados.

Doña Alessandra ha dedicado años y dinero a tareas filantrópicas mediante el Movimiento Unidos por la Infancia, que fundó en 2014 y que ha trabajado en zonas pobres de la ciudad. Actualmente, la dama preside la organización No es Una, Somos Todas, que lucha contra la violencia de género y presta apoyo a las mujeres amenazadas o agredidas.

Rojo de la Vega trabajó con el equipo de comunicación de Enrique Peña Nieto en el Estado de México y lo acompañó en tareas de difusión durante su campaña electoral. Luego se desempeñó como directora de Desarrollo Social en la alcaldía Miguel Hidalgo y en 2018 el Partido Verde la hizo diputada plurinominal del Congreso de la Ciudad de México.

Al parecer no se sintió a gusto en el partido mercancía, pues en 2024 Alejandro Moreno, líder del PRI, anunció que la licenciada sería candidata a alcaldesa de Cuauhtémoc por la coalición Fuerza y Corazón por México, con la que ganó y desde entonces pertenece al partido tricolor.

Como se puede ver, Alessandra Rojo de la Vega es una mujer de lucha y con habilidad política. Por eso mismo, resaltan hechos en los que su actuación ha estado por debajo de las expectativas. La alcaldía a su cargo es una de las tres más peligrosas de la ciudad, la recolección de basura es un espectáculo vergonzoso, los baches complican la circulación y causan daños a los vehículos, los cables son visualmente un horror y, desde luego, un peligro que cualquier día lamentaremos.

Por supuesto, habrá asuntos que debe resolver la administración central, pero es ahí donde la alcaldesa requiere desplegar interés en la gestión, tocar puertas y hacer antesalas para buscar soluciones, lo que se consigue cuando se manejan adecuadamente las relaciones y los recursos políticos. Pero eso no parece estar en la agenda de doña Alessandra.

Lo prueba el reciente derrumbe en la avenida San Antonio Abad 124, donde tres trabajadores murieron y uno más resultó con graves lesiones. La reacción de la alcaldesa fue responsabilizar a la Secretaría de Vivienda de la ciudad por, presuntamente, autorizar la demolición sin supervisar la obra, coordinar todo el proceso ni garantizar la seguridad del edifico y sus alrededores.

Sin embargo, Inti Muñoz, secretario de Vivienda, declaró que “el esquema de facilidades administrativas aplicado en este caso no sustituye ni modifica las obligaciones legales en materia de seguridad y demoliciones”, pues consiste “unicamente en la exención de algunos pagos y trámites secundarios”, los que “no equivalen a una licencia de obra ni liberan a las alcaldías de sus responsabilidades de supervisión”, porque “la vigilancia de la normatividad en construcciones recae directamente en las alcaldías” (Excélsior, 18/III/26).

Por si fuera poco, desde el 11 de noviembre del año pasado, “la alcaldía Cuauhtémoc comunicó oficialmente tener conocimiento del inicio de la obra”, cuyos trabajos comenzaron al día siguiente, y a partir de ese momento “la alcaldía contaba con la facultad jurídica para frenar la obra si detectaba irregularidades”. Pero no lo hizo, lamentablemente. Un poco de humildad nunca está de más.