Durante su infancia, Walter Weiss acudió en varias ocasiones al Yankee Stadium junto a su familia. En una de aquellas visitas bajó al campo y tomó tierra, que guardó en una bolsa de plástico. La acción se convirtió en una promesa a su padre: “alguna vez jugaré en este estadio”.
Weiss fue nombrado Novato del Año de la Liga Americana en 1988 como parador en corto de aquellos Atléticos de José Canseco y Mark McGwire. En ese año, cumplió al jugar en el Yankee Stadium y su equipo arrasó en la temporada regular, pero cayó en la Serie Mundial ante Dodgers. El sólido shortstop fue definido por el mánager Tony LaRussa como un jugador “con la fortaleza física y mental de un campeón”.
En los equipos que jugó dejó huella. Con Atléticos ganó el Clásico de Otoño de 1989. Fue el jugador franquicia de los Marlins y el primero en empujar una carrera. Con los Rockies ayudó a la novena a llegar a su primera postemporada, mientras que con los Bravos logró su única aparición en un Juego de Estrellas.
Weiss, famoso por su imagen con lentes de sol sujetados en la parte trasera de la gorra y las sombras negras pintadas en los pómulos, también era recordado por utilizar un viejo guante al que llamaba La Criatura. Con una piel desgastada y un olor nada agradable, fue el compañero inseparable del shortstop.
Weiss, originario de Nueva York, destacó en varios deportes, pero era incansable en los campos de beisbol. Los últimos años como profesional los compaginó con otras actividades deportivas. Ganó una cinta negra en taekwondo y organizaba competencias de luchas con algunos de sus compañeros antes de los juegos. Fue pionero en las artes marciales mixtas, en los años que este deporte apenas se conocía. Subió a los hexágonos a pelear, aunque nunca lo hizo de manera profesional.
Luego iniciaría una carrera como mánager con los Rockies y, aunque su paso no fue del todo exitoso, se ganó el respeto de sus jugadores. Esta temporada recibió de los Bravos otra oportunidad de dirigir y tiene al equipo con el mejor récord de las Grandes Ligas.
A sus 62 años, protagonizó un episodio durante una trifulca hace unas semanas. Con su habilidad para pelear cuerpo a cuerpo; tumbó, sin el objetivo de lastimar, al fornido jardinero cubano Jorge Soler, de los Angelinos. Weiss, quien había sido compañero de Soler y era consciente de su fortaleza, justificó que lo hizo para evitar que el toletero, de más de 100 kilos de peso y 1.90 de altura, pudiera hacerle daño a alguno de sus jugadores.
Walter Weiss tiene a los Bravos jugando el mejor beisbol de las Grandes Ligas y, aunque la temporada es muy joven, ya demostró que está dispuesto a pelear por sus peloteros.
