Los Dodgers quedaron tan impresionados con el talento de Carl Furillo que, para obtenerlo, decidieron comprar al equipo completo de ligas menores en el que jugaba.
Furillo todavía no debutaba en las Grandes Ligas al momento de que se enlistó en el ejército de Estados Unidos en 1942 durante la Segunda Guerra Mundial. En una de las batallas resultó herido, por lo que le fue entregada la condecoración Corazón Púrpura, aunque la rechazó al sentir que le había faltado valentía para enfrentar al enemigo.
El jardinero era conocido como El Rifle de Reading por su potente brazo, incluso fue probado como lanzador, pero el descontrol que mostraba causaba temor entre sus entrenadores de que lesionara a algún bateador.
Carl Furillo debutó en 1946 con Dodgers. El sueldo no le convenció, pero el mánager Leo Durocher le advirtió: “lo tomas o lo dejas”, desde entonces surgió una enemistad entre ambos.
Además de su excelente brazo, era un gran fildeador y tenía la cualidad de saber jugar los complicados rebotes de la esférica al estrellarse con la singular barda del Ebbets Field de Brooklyn.
A la ofensiva era un eficiente bateador de primer lanzamiento y tenía un bajo promedio de ponches.
Previo a la temporada de 1953 fue operado de cataratas y regresó para tener su mejor temporada. Logró el título de bateo a pesar de que se perdió los últimos juegos de la temporada al fracturarse una mano durante una trifulca con su exmánager Durocher, quien entonces, como piloto de los Gigantes de Nueva York, dio la orden a sus lanzadores de darle pelotazos.
Furillo destacó por poner out a varios corredores con sus tiros desde el jardín derecho. En 1951 tuvo 23 asistencias para imponer un récord. Y participó en seis Clásicos de Otoño ante los Yankees con episodios destacados.
Carl Furillo jugó siempre con Dodgers, equipo en el que colaboró en los títulos de 1955, el único en Brooklyn y el de 1959, el primero en Los Ángeles.
Era tan querido por los aficionados que organizaron una colecta para regalarle un auto Buick.
Las lesiones lo llevaron a perder la titularidad para convertirse en un efectivo bateador emergente. Durante la temporada de 1960 los Dodgers lo dieron de baja, luego de 15 años de relación. Molesto, al no recibir el salario completo, demandó al equipo y en los tribunales se llevó la victoria. Pero Carl Furillo perdió otra batalla: ningún equipo volvió a contratarlo.
El pelotero, quien fue seleccionado a dos Juegos de Estrellas, desempeñó varios trabajos mientras esperaba cumplir 50 años para recibir su pensión.
Carl Furillo fue diagnosticado con leucemia a mediados de los años 70. El considerado uno de los mejores jardineros en la historia de los Dodgers murió a los 66 años en 1989.
