“Algún día, cuando le cuente a mi nieto sobre esta noche, tal vez exagere un poco la historia”, expresaba Gary Nolan en medio del baño de champagne. El pitcher de los Rojos conseguía su primera victoria en una Serie Mundial y lo hacía en “La casa que Babe Ruth construyó” al vencer a los Yankees en el cuarto juego y completar la barrida en el Clásico de Otoño de 1976.
Nolan debutó a los 18 años con una victoria sobre los Astros en 1967. Semanas después, en un juego ante Gigantes, ponchó a 15 bateadores, aunque salió sin decisión de aquel encuentro en el que le recetó cuatro chocolates a Willie Mays, una hazaña que ningún lanzador había logrado ante el legendario jardinero.
Gary Nolan fue tercero en la votación para Novato del Año de aquel 1967, a pesar de que tuvo más ponches y mejor promedio de efectividad que el ganador, Tom Seaver.
En 1972 recibió votos para el Cy Young al tener récord de 15-5 y 1.99 de efectividad, además de ser seleccionado al Juego de Estrellas.
Johnny Bench, su inseparable compañero desde las ligas menores y fiel escudero como catcher con los Rojos de Cincinnati expresaba: “Nadie le tiene miedo a Gary Nolan, pero nadie le puede batear a Gary Nolan”.
Lo que pocos conocían es que Gary aprendió a lanzar con dolor. Lo hizo en cada una de sus salidas que terminaban con una armadura de hielo sobre su hombro maltratado. Era como si un cuchillo lastimara la articulación cada que enviaba la pelota al home.
El hombro de Nolan no soportó más y el pitcher terminó en el quirófano.
El médico Frank Jobe, reconocido por haber innovado con la revolucionaria operación de Tommy John la cual se realiza con éxito en los codos de los lanzadores, en esta ocasión examinó el hombro dañado de Gary Nolan y quedó asombrado: “No sé cómo pudiste lanzar con ese dolor. Debiste haber estado sufriendo muchísimo”, le dijo el especialista al descubrir un espolón óseo el cual le fue retirado.
El pitcher de los Rojos tardó 31 meses para volver a lanzar y reapareció en la temporada de 1975, aprendió un efectivo cambio de velocidad y se consolidó como un pitcher clave en el bicampeonato de La Máquina Roja.
Pero las lesiones volvieron aparecer, problemas constantes de rigidez en el cuello y dolor en el brazo frenaron su carrera a los 29 años.
Gary Nolan, originario del estado de Nevada, encontró trabajo como crupier en casinos de Las Vegas. Ahí, mezclado entre ludópatas y el glamour de las noches de los salones lujosos, nadie apostaba a que aquel personaje, de vestimenta elegante que repartía las cartas, había sido un exitoso lanzador de las Grandes Ligas y que además es miembro del Salón de la Fama de los Rojos de Cincinnati.
