Banamex: dos magnates y una señal de confianza

Que dos de los empresarios más poderosos de México Germán Larrea Grupo México y Fernando Chico Pardo compitan por Banamex no es un duelo de egos ni una vendetta entre privados. Es una señal política y económica: hay capital nacional dispuesto a invertir a largo plazo ...

Que dos de los empresarios más poderosos de México —Germán Larrea (Grupo México) y Fernando Chico Pardo— compitan por Banamex no es un duelo de egos ni una vendetta entre privados. Es una señal política y económica: hay capital nacional dispuesto a invertir a largo plazo en un país que, pese al ruido de las reformas, tiene reglas previsibles, gobernabilidad y disciplina fiscal. La confianza no es azar: se construye con instituciones que acotan la arbitrariedad y con un Estado que define el marco y deja jugar al mercado.

Primero, la cronología. El 24 de septiembre, Citigroup (Citi) acordó vender 25% de Banamex a una empresa de Chico Pardo por 2 mil 300 millones de dólares, a 0.80 veces su valor en libros, como ancla previa a una OPI en 2026. Días después, Grupo México presentó una propuesta por el 100% —0.85x por el primer 25% y 0.80x por el 75% restante—, con la idea de colocar 40% entre inversionistas locales y afores. El 9 de octubre, Citi rechazó esa oferta y ratificó su plan: mantener la venta del 25% a Chico Pardo y colocar el resto en bolsa en una salida “ordenada” y con mayor certidumbre regulatoria.

El contexto político importa. En 2022, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador intervino y fijó condiciones de alto simbolismo: comprador mexicano, pago de impuestos y resguardo del acervo cultural. En 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó como “muy buena noticia” la entrada de un socio mexicano y evitó interferir en la ruta del vendedor: reglas claras, sin protagonismos.

La señal de fondo es confianza. Si la economía “espantara” —por la reforma judicial o por cambios regulatorios— no veríamos ni una venta cerrada de 25% ni una oferta por el 100%. Lo que emerge es otra cosa: expectativas de estabilidad suficientes para comprometer capital visible y de gran escala. Conviven, además, dos caminos que convergen: ancla local con OPI (Chico Pardo) y compra total con “mexicanización” accionaria (esquema Larrea). En cualquiera de los dos, la mexicanización ocurre por mercado, no por decreto.

Volvamos a lo sustantivo. Con el acervo artístico e inmuebles históricos de Banamex encaminados a permanecer en México en coordinación con la Secretaría de Cultura, el foco regresa a lo esencial: una base de más de 20 millones de clientes, una red de más 1,200 sucursales y 9,100 cajeros, y cerca de 39 mil empleos que dependen de una transición ordenada y de buen gobierno corporativo; además, un banco centenario con marca reconocida que puede fortalecer competencia y acceso al mercado de capitales.

También hay una lección de comunicación. En 2023, subestimar la política y comunicar mal le costó a Citi dinero, tiempo y reputación; en 2025, se nota el aprendizaje: ancla local primero, mercado después. La alternativa —compra total y luego mexicanización— no prosperó esta vez, pero su sola existencia confirma el punto central: hay apetito por Banamex y confianza en México. En tiempos de la 4T, comunicar estratégicamente pesa más que la marca, el capital y el acceso.

En suma, el caso Banamex funciona como termómetro del equilibrio que el país necesita: un Estado que arbitra y da certidumbre, y un sector privado que compite con reglas conocidas. Si el proceso culmina sin manotazos —vía OPI o con más socios minoritarios—, la señal será nítida dentro y fuera: en México, la competencia pesa más que el favoritismo. En tiempos de estridencia, es una buena noticia y una señal de confianza.

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