Relación México-Estados Unidos: los hechos que la retórica esconde

Gustavo Rivera

Gustavo Rivera

Cinco Elementos

En una planta de Chiapas, técnicos mexicanos crían millones de moscas estériles que luego se liberan desde el aire para interrumpir el ciclo del gusano barrenador, la plaga que cerró la frontera al ganado. Es un programa diseñado y supervisado por México y Estados Unidos juntos. Ninguna de esas moscas ha dado jamás un discurso. Y, sin embargo, dicen más sobre la relación bilateral que cualquier conferencia de prensa. 

La ciencia política tiene nombre para esta distinción. James Fearon llamó cheap talk a la palabra que no cuesta nada emitir, frente a las señales costosas —las que comprometen recursos, tiempo o capital político— que sí revelan intenciones. Y Robert Putnam explicó que todo gobernante negocia en dos tableros a la vez: el internacional, donde se acuerda, y el doméstico, donde se aplaude. La retórica presidencial se fabrica para el segundo tablero. Los hechos viven en el primero. Leer la relación México–EU por los dichos es mirar el tablero equivocado. Una amenaza tuiteada no cuesta nada; una frontera reabierta cuesta un año de trabajo verificable. Es la diferencia entre comunicar y gobernar. Los hechos de las últimas semanas forman su propia lista.

Uno: pese al nuevo ajuste arancelario de Washington, 85% de las exportaciones mexicanas sigue entrando sin pagar aranceles bajo el T-MEC, la posición más favorable frente a cualquier otro país, fruto de negociación semanal, no de milagro; y la mesa sigue puesta: México negocia bajar de 50% a 10% el arancel al acero rumbo a la ronda del T-MEC de septiembre.

Dos: la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, notificó por carta a la presidenta Sheinbaum la reapertura de la frontera al ganado mexicano a partir del 24 de agosto por Douglas, Arizona, tras un año de plan de acción conjunto contra la plaga.

Tres: la captura de El R1, presunto autor intelectual del asesinato de Carlos Manzo, fue celebrada públicamente por el embajador Ronald Johnson y por la DEA como resultado de la cooperación en seguridad, la misma que en 2025 quedó formalizada en un entendimiento bilateral con un grupo de implementación permanente. Y el reconocimiento llegó en las mismas semanas en que ambos gobiernos discutían públicamente por el avión que trasladó a Zambada.

Cuatro: los dos países acaban de organizar juntos, con Canadá, el Mundial más grande de la historia, con millones de personas cruzando esa frontera supuestamente en llamas. Robert Keohane y Joseph Nye llamaron a esto interdependencia compleja: relaciones que fluyen por múltiples canales —aduanas, sanidades, fiscalías, ejércitos, gobernadores— que operan todos los días por debajo del canal presidencial. Esos canales no tuitean. Por eso no se ve en las redes ni sale en el noticiero, y por eso las redes y el noticiero son malas guía para entender la relación. ¿A quién sirve entonces la retórica incendiaria? A los tableros domésticos de ambos lados: allá moviliza votantes y sirve para desplegar una nueva política hemisférica dictada desde la llamada “Doctrina Donroe”; acá, galvaniza a la base de apoyo, genera aprobación presidencial y eventualmente también puede servir electoralmente. Es real, pero es otro género: comunicación política, no política exterior.

Sería deshonesto no matizar. Distinguir retórica de hechos no es declarar inofensiva a la retórica: cuando escala, produce hechos —los aranceles al acero y a los autos siguen vigentes, y la reapertura ganadera es condicional y reversible—. Y la cooperación discreta tiene un costo democrático: lo que se acuerda en silencio tampoco puede ser escrutado por los ciudadanos de ninguno de los dos países. 

Pero la brújula queda clara. Cuando el ruido bilateral vuelva a subir —y volverá a subir, porque los dos tableros domésticos lo exigen—, conviene preguntarse qué están haciendo los gobiernos, no qué están diciendo sus presidentes. En Chiapas, mientras tanto, millones de moscas estériles suben a los aviones sin saber que son diplomáticas. Son la mejor metáfora disponible: la relación entre México y EU no se sostiene en los micrófonos. Se sostiene en el aire, todos los días, en silencio.