Anatomía de un instante mexicano y la prueba de Sheinbaum

Gustavo Rivera

Gustavo Rivera

Cinco elementos

La imagen de este viernes quedará en el archivo: Rubén Rocha Moya cruzando la puerta del Palacio de Gobierno de Culiacán, 112 días después de su licencia, para anunciar por decisión propia que retoma el cargo. Lo que siguió en las horas posteriores es lo que merece análisis. Gobernación calificó el regreso como determinación exclusivamente personal y recordó que las carpetas de investigación siguen abiertas. La dirigencia de Morena se deslindó. Los senadores del movimiento hablaron de un acto individual. Y 23 gobernadoras y gobernadores firmaron un pronunciamiento conjunto que llama a Rocha “a la madurez y la responsabilidad” y advierte que las decisiones individuales jamás estarán por encima del proyecto colectivo. Javier Cercas nos enseñó a leer estas escenas. En Anatomía de un instante examinó fotograma a fotograma el golpe del 23-F español: cuando las balas cruzaron el Congreso, casi todos los diputados se tiraron al suelo; tres hombres permanecieron sentados.

Del libro importan dos lecciones. La primera: los golpes maduran en una placenta, un clima previo que deslegitima al poder hasta volver pensable lo impensable. La segunda: en el instante decisivo la política se reduce a un gesto elemental, agacharse o sostenerse, y ese gesto pesa más que todos los discursos que lo rodean.

La placenta mexicana lleva semanas gestándose. La imputación del Departamento de Justicia contra Rocha, cuyas pruebas siguen sin entregarse a México, pese a las solicitudes formales de la Cancillería. La visa retirada al hijo del expresidente, anunciada por él mismo, tras la de otros políticos del oficialismo. Un congresista estadunidense llamando “narcopartido” al movimiento gobernante y un subsecretario de Estado tuiteando burlas. Presión externa diseñada para producir una fotografía: la de un oficialismo fracturado por sus propios expedientes.

El disparo al techo lo dio Rocha al decidir solo, sin avisar a su partido ni a Palacio, amparado en que, según su propia versión, la Fiscalía no halló elementos en su contra. Y aquí el instante mexicano se separó del guion. La respuesta del movimiento fue sentarse en bloque alrededor de una sola figura y de una sola regla. El respaldo de los gobernadores a la Presidenta fue “absoluto y categórico”; la regla, el principio juarista que cierra su pronunciamiento: “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”. La fotografía que buscaba la presión externa era la fractura; la que se produjo fue la cohesión.

Conviene medir la inversión completa, porque ahí está la potencia de la analogía. El libro de Cercas es un libro sobre la soledad: Suárez permanece sentado abandonado por su propio partido, que llevaba meses conspirando contra él, y su gesto es grande porque defiende la forma sin que nadie lo acompañe. El instante mexicano invirtió la escena. La jefa de Estado sostuvo durante semanas la línea institucional, pruebas, debido proceso, soberanía sin subordinación y sin ruptura y, cuando llegó el momento de definirse, su movimiento entero se sentó con ella. La soledad cambió de silla: hoy la ocupa quien tomó la decisión de facción.

Sería deshonesto confundir la foto de un día con el desenlace. Las carpetas siguen abiertas y la versión de Rocha sobre la Fiscalía está por verificarse. La unidad declarada obliga a la unidad sostenida: candidaturas limpias en 2027, consecuencias si las pruebas llegan, cohesión cuando la presión externa vuelva a apretar, que volverá. Los pronunciamientos se firman en una tarde; la forma se defiende durante años.

Cercas sugiere que España se salvó por los gestos de quienes entendieron el instante. México acaba de vivir el suyo, y el archivo registrará algo inusual: una Presidenta sentada, sosteniendo la regla, y un movimiento que esta vez decidió sentarse junto a ella. Sostener la postura, ése es ahora el verdadero instante.