2023, año de oportunidades

Como suele pasar, cada inicio de año es casi inevitable pensar en lo sucedido en los pasados doce meses y aventurar cómo serán los próximos doce. El año que terminó hace casi 15 días estuvo lleno de incertidumbres, de complejas realidades que ocuparon la atención ...

Como suele pasar, cada inicio de año es casi inevitable pensar en lo sucedido en los pasados doce meses y aventurar cómo serán los próximos doce.

El año que terminó hace casi 15 días estuvo lleno de incertidumbres, de complejas realidades que ocuparon la atención en todo el mundo, donde destaca la guerra entre Rusia y Ucrania como un parteaguas de la política internacional.

La invasión de las tropas rusas al territorio ucraniano, el bombardeo indiscriminado a hospitales, escuelas, edificios habitacionales, parques, instalaciones de energía, carreteras, pero, sobre todo, las muertes de inocentes niños, niñas, familias enteras, configuran escenas dantescas que se pensaban imposibles de repetir después de la Segunda Guerra Mundial.

Los organismos internacionales, empezando por la Organización de las Naciones Unidas, han quedado rebasadas. El Consejo de Seguridad, órgano diseñado para que las grandes potencias negocien sus diferencias de manera pacífica, ha confirmado sus limitaciones.

Todo indica que alcanzar un acuerdo entre Ucrania y Rusia se aleja cada día. El presidente Volodímir Zelenski se ha convertido en un verdadero líder, su discurso ante la Asamblea General de la ONU será recordado por ser un emotivo llamado a las democracias del mundo al señalar que la guerra de Putin amenaza la estabilidad mundial:

“Para mí, cada noche antes de la Asamblea General de las Naciones Unidas es una noche de insomnio”. Con una franqueza inusual en ese foro, criticó con severidad y puntualidad la eficiencia de ese organismo para resolver los verdaderos problemas que enfrentan muchos países miembros: “Qué dicen excelencias, distinguidos jefes de Estado, y de gobierno? Tenemos que demostrar que estamos decididos a hacer todo lo posible para fortalecer nuestra interacción”.

No se ha registrado una respuesta concreta de algún jefe de Estado a su invitación a sumarse para aislar a Rusia comercial y financieramente. Es verdad que Estados Unidos, Francia y Alemania, le han hecho llegar armamento defensivo para derribar aviones rusos y mantener alejadas a las tropas invasoras, sin embargo, esos mismos países dependen en buena medida de recibir gas ruso por medio de gasoductos construidos en tiempos de paz, hecho que Putin les ha dejado claro podría suspender en pleno invierno, causándoles daños catastróficos a sus industrias y la población en general.

El presidente Biden ha tenido que balancear un fino juego de apoyo político a Ucrania que incluye varios miles de millones de dólares en armas y ayuda humanitaria, pero sin llegar a confrontar abiertamente al gobierno ruso como sería en caso de darle aviones que combatirían directamente con la fuerza aérea rusa.

El gobierno mexicano ha mantenido, como era de esperarse, una posición de cautela cubriéndose con el añejo principio de la no-intervención y autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, el 16 de septiembre, en su discurso por el aniversario de la Independencia, el presidente López Obrador anunció un plan de paz para Rusia y Ucrania. Aprovechó para criticar a la ONU que “permanece inactiva y como borrada” y planteó crear un “comité para el diálogo y la paz”. El plan no recibió el mínimo apoyo por ningún otro país, ya no digamos por Rusia y Ucrania, por el contrario, el asesor principal del presidente ucraniano declaró que: “Lo dicho por López Obrador es una mera búsqueda de una paz etérea, es sólo una herramienta de relaciones públicas del presidente, una agenda basada en la confrontación y victimización”.

¿Por qué el Presidente se arriesga a quedar en ridículo? ¿Porque no se asesora de los buenos diplomáticos mexicanos?

En suma, el 2023 será un año con sobresaltos, incertidumbres y controversias de largo alcance. No es exagerado decir que está en juego la estructura geopolítica vigente en las últimas décadas. El liderazgo de Estados Unidos está a prueba y con ello, la posible reelección del presidente Biden.

La visita de Biden a México fue su primera visita como presidente de Estados Unidos, como era de esperarse, su estilo suave y conciliador, dejó claro a su contraparte que la guerra de Putin debe ser rechazada abiertamente por contravenir el orden internacional vigente, los derechos humanos y será prueba de quienes estuvieron del lado de la justicia y la paz.

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