YosStop, Adame y Sasha: el precio del escándalo

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

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Ayer, en De primera mano, recibimos a Yoseline Hoffman, YosStop, y al licenciado Enrique González Casanova. Una nos habló de su encarcelamiento; el otro, del fallo contra Alfredo Adame. Además, vi dos capítulos de la serie de Timbiriche y acabé indignado por el tratamiento a Sasha Sokol. Tres historias que obligan a hablar de justicia y de respeto.

YOSSTOP: UNA DETENCIÓN QUE MARCÓ SU VIDA

YosStop terminó en prisión en 2021 por la polémica de un video en el que ofendió a una adolescente víctima de violencia sexual. La acusación inicial, aclaro, no fue simplemente por insultarla, sino por un delito relacionado con pornografía infantil, posteriormente reclasificado a discriminación.

Nada justifica humillar a una víctima. Pero vale preguntar si la actuación de las autoridades fue proporcional. No podemos exigir justicia para una persona y olvidarnos de las garantías de otra. El Estado debe investigar y sancionar, sí, pero sin convertir una detención en un despliegue intimidatorio.

Yoseline aseguró que cerca de 50 hombres armados llegaron a detenerla a su domicilio. Parecería un operativo para capturar al criminal más buscado del país. Describió el terror que sintió cuando se la llevaron.

Pasó cinco meses en Santa Martha Acatitla y, según contó, la pesadilla no acabó al salir: perdió su casa, su automóvil y debió pedir préstamos. Perdió libertad, patrimonio y tranquilidad.

Cuenta esa experiencia en Cancelada, encarcelada. De los likes a las rejas. No pretendo absolverla desde un estudio ni minimizar a la víctima. Pero su testimonio obliga a preguntarnos por los excesos y por el costo de un proceso penal.

ADAME: EL FALLO NO SE BORRA A GRITOS

También nos acompañó el licenciado Enrique González Casanova, quien explicó la resolución judicial que recayó sobre Alfredo Adame. El 8 de octubre, un juez de la Ciudad de México lo declaró culpable del delito de discriminación por las expresiones dirigidas contra mi madre, una adulta mayor.

Lo repito: un juez declaró culpable a Alfredo Adame de discriminación. No es mi opinión. Es una resolución judicial.

Durante años he escuchado sus insultos y descalificaciones. Podrá hacer berrinches, dar entrevistas y presumir abogados. Pero una cosa es gritar ante las cámaras y otra responder ante un tribunal.

Lo más bajo fue involucrar a mi madre en un enfrentamiento que tenía conmigo. Una adulta mayor no tiene por qué soportar ataques por los problemas de su hijo. Eso no es valentía: es cobardía.

Adame dice que apelará y tiene derecho. La audiencia para determinar la pena está prevista para el 15 de octubre; aún no hay sanción definitiva y habrá que ver qué ocurre con los recursos.

Hoy existe un fallo de culpabilidad por discriminación. Adame ya fue señalado por un juez penal como responsable de un delito. Eso no es una medalla que pueda presumir, ni un simple malentendido de televisión. Diga lo que diga Adame, el fallo no se borra a gritos. Punto.

SASHA SOKOL: NO SE JUEGA CON EL DOLOR DE UNA VÍCTIMA

Vi los primeros dos capítulos de Timbiriche, en ViX, y encuentro revictimizante la manera de abordar la historia de Sasha Sokol.

Se dirá que es ficción y que existe libertad creativa. De acuerdo. Pero ésta también exige responsabilidad al retratar a una mujer que denunció una relación abusiva con Luis de Llano cuando era menor de edad.

Sé perfectamente que Sasha declaró en entrevistas anteriores que estuvo enamorada de él. ¿Y? ¿Eso justifica una relación entre un hombre adulto, con poder en la industria, y una menor? Por supuesto que no. Con los años, Sasha entendió de otra manera lo que había vivido, reconoció el abuso y decidió llevar su caso ante la justicia. Eso no es cambiar de historia: es entenderla con la madurez que entonces no podía tener.

Me preocupa que se tome un episodio tan doloroso y se convierta en entretenimiento sin contar con la participación de la persona directamente afectada. Sasha y otros cinco integrantes de Timbiriche informaron que no fueron consultados ni autorizaron su participación en el proyecto. Y eso, como mínimo, debería hacernos pensar. El consentimiento no siempre es una condición para producir ficción, pero el respeto a las personas retratadas debería ser irrenunciable.

Conozco bien la historia de la banda Timbiriche porque durante muchos años seguí de cerca al grupo por motivos periodísticos. Sé de su impacto, de sus éxitos y de lo que vivieron sus integrantes. Precisamente por eso esperaba una serie capaz de tratar estos asuntos con mayor sensibilidad.

No estoy juzgando toda la producción por dos capítulos. Habrá que ver el resto. Pero sí tengo derecho a decir que lo presentado hasta ahora me parece innecesariamente doloroso para Sasha. Una cosa es contar la historia de un fenómeno musical y otra convertir una herida en espectáculo.

Ojalá entendamos la diferencia. 

Porque las historias de YosStop, de mi madre y de Sasha nos recuerdan que detrás de cada escándalo hay personas reales. Y las personas merecen justicia, no solamente audiencia.

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