El Vampiro, los excesos y una despedida

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última Palabra

UN RECLAMO DEL TAMAÑO DE LA PUERTA

Hay hombres que no necesitan subirse a un cuadrilátero para imponer respeto: basta con que aparezcan en la puerta de tu oficina. A mí me pasó con El Vampiro Canadiense hace unas tres décadas. Yo había escrito que me parecía muy feo y él decidió que lo más conveniente era ir a reclamarme. Imagínese, querido lector de Excélsior, levantar la mirada y encontrarse con un luchador que prácticamente tapa toda la entrada. Ahí sí, una cosa es escribir muy valiente y otra tener al aludido enfrente.

Con un español bastante pocho, pero con el reclamo entendible, me pidió cuentas por lo que había publicado. Yo no sabía si enfrentarlo, correr o encontrar las palabras que me sacaran de aquel apuro. Hay entrevistas que se preparan con una investigación y encuentros para los que uno quisiera prepararse con unos buenos tenis. ¿En qué terminó aquella visita? La historia completa se las voy a contar esta noche.

EL HOMBRE DETRÁS DE EL VAMPIRO

A las ocho, por Imagen Televisión, los espero en El Minuto que Cambió Mi Destino, Sin Censura. Mi invitado es El Vampiro Canadiense, una figura emblemática de la lucha libre que encontró en México mucho más que trabajo. Aquí hubo reconocimiento, afectos, amistades, rivalidades y una vida que da para sentarse a escucharla con atención. Porque detrás del personaje que todos identificamos hay un hombre con una historia más complicada que cualquier función.

En nuestra conversación habla de las circunstancias que lo trajeron a este país y de los problemas que, según su propio relato, dejó atrás en Canadá y Estados Unidos. Será él quien explique esa parte de su pasado. También hablamos de los excesos en los que cayó y de las decisiones que marcaron su camino. La fama provoca aplausos, pero no resuelve lo que una persona lleva por dentro, ni borra las consecuencias de lo que hace cuando se apagan los reflectores.

Y, por supuesto, aparece un nombre que muchos aficionados van a reconocer de inmediato: Konnan. ¿Qué ocurrió entre ellos? ¿Cómo se construyó esa rivalidad y cuánto había detrás de lo que veía el público? El Vampiro cuenta su versión. Quiero que la escuchen ustedes y saquen sus conclusiones. Esta noche conoceremos al luchador, pero también al hombre que llegó a México y terminó haciendo aquí una parte fundamental de su vida.

JOSÉ MANUEL: EL MICRÓFONO NO DA IMPUNIDAD

Por otro lado, José Manuel Figueroa parece empeñado en convertir cada micrófono que le acercan en una oportunidad para atacar a Ninel Conde. Sus recientes declaraciones me parecen agresivas, majaderas e innecesarias. Cuestionar su maternidad, desacreditar su trabajo y burlarse de su apariencia no constituye un argumento. Es una manera de intentar humillar a una mujer con la que tuvo una relación y con la que conserva diferencias.

Ninel ha señalado que existen medidas de protección; José Manuel ha negado que haya una orden de restricción en su contra. Esa contradicción debe aclararse con la resolución correspondiente. Si existe una orden vigente que le prohíba determinadas conductas, tiene que cumplirla, y serán las autoridades quienes determinen si sus declaraciones la vulneran. Lo que no corresponde es dar por acreditado un delito sin conocer el alcance de esa resolución. Pero mi opinión sobre sus palabras no necesita esperar: ¡son lamentables!

¿De verdad hace falta meterse con el espejo, con la edad o con las decisiones que una mujer toma sobre su imagen? ¿Eso qué demuestra, además de una enorme falta de respeto? José Manuel tiene una carrera y un apellido que podría defender hablando de música. Sin embargo, vuelve al ataque personal. Puede responder a lo que considere falso y ejercer sus derechos, pero eso no vuelve aceptable la descalificación. Que alguien ponga una grabadora enfrente no obliga a perder la educación.

ADDIS, SIETE AÑOS NO SE OLVIDAN

Y cierro con algo que sí me toca el corazón. Ayer, en De Primera Mano, se despidió mi querida compañera Addis Tuñón. Compartimos cámaras, micrófonos y responsabilidades durante siete años. Se dice rápido, pero detrás hay trabajo, conversaciones, risas y momentos difíciles. Para mí fueron siete años de aprendizaje, diversión y compromiso con un programa que hacemos todos los días y que nos exige estar presentes.

Addis es una gran reportera y una investigadora que sabe ir más allá de la primera respuesta. Encabezó trabajos fuertes, importantes y, en ocasiones, dolorosos. Investigaciones que ayudaron a esclarecer historias, que dieron voz a sus protagonistas y que pusieron sobre la mesa revelaciones que no podían ignorarse. Ese trabajo merece reconocimiento. Yo tuve la suerte de compartirlo desde una mesa donde también aprendimos a acompañarnos.

Hoy quiero agradecerte, Addis, tu entrega y todo lo que aportaste durante estos siete años. Me quedo con lo vivido, con el cariño y con el respeto que se construye trabajando juntos. Te voy a extrañar, pero estoy seguro de que la vida y el periodismo nos volverán a juntar. ¡Hasta siempre, reportera!