La guerra de los realities ya comenzó y, por lo menos en el primer enfrentamiento directo, La Casa de los Famosos México le ganó con amplio margen a La Granja VIP. Las cifras que tengo señalan una diferencia aproximada de un millón 250 mil personas a favor del programa de
Televisa. Es muchísimo; no son 50 mil ni 100 mil espectadores: estamos hablando de más de un millón de personas de diferencia en una misma noche. Eso no quiere decir que la batalla esté terminada, apenas empezó. Yo considero que La Granja VIP tiene posibilidades de crecer porque metieron a personajes que, para bien o para mal, saben cómo generar conversación:
Niurka, Manelyk, Carlos Trejo, La Bebeshita, Kunno, Azalia y varios más. Así que, cuidado: una cosa es ganar el primer domingo y otra muy diferente ganar la temporada. Pero hay algo de ambos programas que me preocupa y de lo que creo que tenemos que hablar.
NO TODO SE VALE POR RATING
Decidieron meter a Gala Montes nuevamente a La Casa de los Famosos. Gala es una mujer talentosa, polémica, explosiva y con una personalidad que puede darle muchísimo contenido al programa. Ella misma ha hablado de su consumo de mariguana y de su vida personal; al entrar a la casa incluso comentó que había tomado el día anterior. Ahora, yo no soy médico ni psicólogo y tampoco voy a diagnosticar a nadie, sería irresponsable. Pero sí puedo decir algo: cuando una persona está atravesando momentos personales complicados o muestra conductas que generan preocupación entre quienes la observan, una producción tiene la obligación de preguntarse si un encierro de 24 horas frente a cámaras es el mejor lugar para ella. No todo tiene que resolverse diciendo: “¡Qué buen personaje para el rating!”. Una producción también tiene responsabilidad. Estamos hablando de encierro, presión, competencia, falta de privacidad, exposición pública y millones de personas analizando sus acciones.
¿Quién cuida a los participantes?, ¿quién determina si están emocionalmente preparados para soportar eso? y ¿dónde termina el espectáculo y comienza la responsabilidad humana? Yo quiero ver entretenimiento, exclusivas y personajes fuertes, pero tampoco quiero ver a una persona destruida delante de una cámara por dos puntos de rating.
DEL OTRO LADO TAMBIÉN HAY HISTORIA
Y tampoco quiero cargarle toda la mano a una televisora porque en La Granja VIP también hay personajes con antecedentes controvertidos. Ahí está Azalia Ojeda, recordada desde hace años por aquel episodio de Las Ladies de Polanco, cuando apareció en un video enfrentándose e insultando a policías. Después vino aquel asunto de 2021 cuando acudió a cobrar un cheque que había sido reportado como robado. Hay que decir completo el asunto: ella siempre sostuvo que le habían puesto un “cuatro”, negó haber cometido algún delito y su abogado aseguró que no había responsabilidad legal en su contra. Es decir, no estoy aquí para condenarla. Lo que digo es que las dos televisoras están buscando perfiles que saben que pueden generar controversia. Y lo entiendo: esto es televisión comercial, hay patrocinadores, competencia, millones de pesos de inversión y una batalla feroz por cada punto de audiencia. Pero no podemos normalizar cualquier comportamiento sólo porque produce rating. Hay una línea que, siento, estamos rebasando.
¿QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA “JUGAR”?
Ahora voy con algo que me tiene sorprendido de La Casa de los Famosos. Desde hace semanas escuchamos a conductores, invitados, exhabitantes y personas cercanas a la producción entrar prácticamente a regañar a los participantes porque “no están jugando”. Perdón, ¿pero qué significa jugar? ¿Me lo pueden explicar? Porque si jugar significa hacer estrategias, nominaciones, alianzas, engaños propios de una competencia y luchar por permanecer dentro de la casa, perfecto; eso es un reality. Pero por momentos da la impresión de que cuando les dicen “¡jueguen!”, en realidad quieren decir: “¡peléense!”, “¡insúltense!”, “¡traiciónense!”, “¡hablen mal del compañero!”, “¡pónganle una trampa!”, “¡háganlo explotar!”, “¡provoquen un pleito!”. Porque si los participantes están tranquilos, conversando, cocinando, nadando, haciendo ejercicio, jugando voleibol o echando relajo, entonces resulta que son unos “muebles”. Eso no es jugar... ¿o sí? Me encantaría que alguien de la producción explicara públicamente qué entiende por jugar. Porque los habitantes están participando en las dinámicas, nominan, compiten, hacen pruebas, conviven, cocinan, se enamoran, se desenamoran, se enojan y se contentan. Pero aparentemente eso no alcanza. Quieren sangre, metafóricamente hablando, por supuesto. Quieren conflicto permanente.
HASTA PARECE HUMILLANTE
Y hay momentos en que me parece humillante el trato. Entra uno a decirles que son aburridos, entra otro a decirles que son muebles, llega otro a reclamarles que no dan contenido y después aparece alguien más diciéndoles que “despierten”. ¡Caray! Son seres humanos, no gallos de pelea. Además, si contrataste a determinadas personas y después descubres que no son conflictivas, quizás el problema no sea del participante: quizá te equivocaste en el casting. No puedes contratar a alguien por ser quien es y después exigirle que se transforme en otra persona porque necesitas levantar el rating. La televisión tiene que entretener, claro que sí, pero el rating no puede convertirse en permiso para hacer cualquier cosa. La Casa ganó claramente el primer round. La Granja tiene personajes suficientes para responder y seguramente la competencia se va a poner buenísima. Qué bueno: que compitan, que produzcan, que inventen, que sorprendan. Pero no olvidemos que detrás del personaje, del meme, del escándalo y del punto de rating hay personas. Y si para “jugar” hay que perder la dignidad, destruir al compañero o llevar a alguien hasta el límite, entonces quizá habría que cambiarle el nombre. Porque eso ya no es jugar; eso es otra cosa.
