En semanas pasadas comentamos que dos calificadoras cambiaron la perspectiva y la calificación de la deuda soberana de México. La mayor preocupación para ambas es el comportamiento de las finanzas públicas. Hoy hago un análisis de algunos datos de abril y les doy una opinión.
Los ingresos totales del sector público fueron de 2.95 billones de pesos. Casi 2 por ciento mayores a los del mismo periodo del año anterior, pero se quedan 3 por ciento debajo de lo presupuestado. Este dato es un foco amarillo, en el sentido de que no se llegó a la meta.
Respecto de los ingresos tributarios, la dinámica de recaudación del IVA es buena con un crecimiento por encima de la inflación de 0.4 por ciento. No sucede lo mismo con el ISR, que tuvo una disminución real anual de 6.2 por ciento.
La explicación operativa es que los pagos que se hacen con la presentación de la declaración anual fueron menores a lo esperado. La explicación de fondo es que la recaudación está sufriendo por el bajo nivel de crecimiento de la economía de México.
El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) tuvo un buen comportamiento con un crecimiento real en el cuatrimestre de 12.7 por ciento. La dinámica se explica por lo que sucedió con el impuesto a los combustibles. Es importante plantear lo que puede suceder con este impuesto.
En los últimos años, el impuesto a las gasolinas ha sido una fuente de recaudación. El precio de las gasolinas en México es mayor al de Estados Unidos, aunque menor al de Europa.
La mala noticia es que la recaudación de IEPS en abril disminuyó. Está caída se explica por la decisión del gobierno de dar estímulos fiscales a los combustibles para tratar de minimizar los efectos de la crisis en Oriente Medio en la inflación al consumidor y en los costos de producción.
La realidad del conflicto plantea un dilema complejo. La opción que tomó el gobierno federal fue favorecer a consumidores y productores a costa de las finanzas públicas.
El otro rubro del que hay que entender su comportamiento es el gasto. Empiezo con la misma comparación que para el caso de ingresos. El gasto neto presupuestario del sector público fue de 3.17 billones de pesos. Más de 5 por ciento superior al del mismo periodo del año anterior, pero casi 10 por ciento debajo de lo presupuestado.
Los datos anteriores nos llevan a concluir que no hay mucha disciplina: menor crecimiento del ingreso que del gasto, mayor gasto que el año anterior, pero menos de lo que pensaba gastar.
El aumento del gasto social es elevado, ya que creció 10.9 por ciento real. Lo que más creció fue salud con 25.9 por ciento. Este comportamiento contrasta con la percepción sobre este gasto.
El aumento en el endeudamiento está llevando a que el gasto de intereses sea ya de casi 400 mil millones de pesos en el periodo. El monto es superior a 12 por ciento del gasto total. Es un monto relevante y que gana importancia.
El resultado del análisis es un mayor crecimiento de gastos que de ingresos, lo que implica un mayor déficit primario. En 2025 era de -107 mil millones de pesos y para 2026 es de -220 mil, es decir, más del doble.
Es evidente lo que se concluye de los datos: México no tiene buenos datos de finanzas públicas y el balance presupuestal se está deteriorando.
