Década de 2020: desafiando al destino

Guillermo Zamarripa

Guillermo Zamarripa

De convicción liberal

Estamos en el primer año de la segunda mitad de la década. En los años recientes hemos tenido varias crisis, a diferencia de los diez años previos en los que no hubo mayores sobresaltos. La hipótesis es que estamos desafiando la resiliencia de la economía mundial.

Iniciamos 2020 con un evento externo que nadie esperaba: la pandemia de covid-19. Fue un choque adverso inmediato y profundo para todas las economías del mundo. Aprendimos varias lecciones sin un lastre económico significativo. 

Una de ellas es que las cadenas de suministro están demasiado interconectadas y cuando fallan el efecto es expansivo. 

En lo que se refiere a la actividad económica el rebote fue rápido y en los mercados las bajas, temporales. 

En el momento en que el mundo estaba regresando a la normalidad se dio un segundo choque por decisión de una persona: la invasión de Rusia a Ucrania. 

Se tuvo un impacto económico relevante a consecuencia de los mayores precios de distintas materias primas y alimentos. La inflación mundial aumentó de manera tal que en varios países desarrollados se observaron niveles de dos dígitos.

La consecuencia fue que los bancos centrales subieron sus tasas de política monetaria, frenando con ello la actividad económica.

Tiempo después las variables monetarias regresaron a su nivel, pero lo grave es que se normalizó tener un conflicto armado en Europa. 

En 2025 tuvimos otro choque por decisión de una persona: romper con las reglas del orden mundial en comercio internacional y alianzas militares. 

La imposición de aranceles por parte de Estados Unidos, que luego quita y entra a una negociación bilateral, están afectando el comercio internacional. 

La principal alianza militar de Occidente, la OTAN, se encuentra en un mal momento. Estados Unidos busca que Europa gaste más en defensa, y en los conflictos no está formando un frente común. 

Las consecuencias de este choque externo no son tan visibles. Genera incertidumbre por no tener contrapartes confiables. 

La lista de choques externos se completa con el conflicto en Oriente Medio. Es el tercer choque externo provocado por los lideres mundiales y el cuarto en total. 

Otra guerra que tendrá consecuencias para las economías del mundo. El aumento en los precios del petróleo a niveles alrededor de 100 dólares por barril ya provocó un impacto inflacionario y el cierre temporal de la ruta comercial en el estrecho de Ormuz: escasez. 

Los impactos en la economía de este conflicto son inciertos, pero profundos. Por esta razón el intento de frenarlo pronto. Hay una probabilidad no menor de tener un escenario similar al de 2022. 

Es una serie de cuatro choques globales en seis años que han reducido las expectativas de crecimiento económico, pero que hasta ahora no han generado una crisis profunda. 

Para las economías en lo individual el único mecanismo de defensa es tener buenas políticas públicas. Si el impacto es fuerte requerirán de medidas de apoyo temporales como se hizo en la pandemia de covid-19.

El problema es que los datos de deuda pública de distintos países nos indican que el margen de maniobra para dar apoyos es limitado. En los últimos años, los gobiernos han gastado más y se han endeudado. 

Si los líderes se siguen esmerando en crear nuevos choques externos llegaremos a un punto en el que la liga se romperá. Por esta razón creo que estamos desafiando al destino.