Las supremacías en la historia del mundo II

La semana pasada comentábamos que a lo largo de la historia, la humanidad ha padecido diversos tipos de supremacismos; raciales, étnicos o religiosos. Todo supremacismo implica la creencia en la superioridad de nuestros valores por encima de los valores de otros; ...

La semana pasada comentábamos que a lo largo de la historia, la humanidad ha padecido diversos tipos de supremacismos; raciales, étnicos o religiosos.  Todo supremacismo implica la creencia en la superioridad de nuestros valores por encima de los valores de otros; implica un intento fallido de dominación del otro, de lo que es diferente y desconocido. Todo supremacismo implica un intento de expansión territorial o de la conversión de ideas y creencias, y lo más grave, implica la sumisión y la aniquilación del otro.

Históricamente, podemos encontrar diversos pasajes en los que un pueblo ha buscado imponer su superioridad sobre otro, considerando diversos motivos y razones. Así, la Inquisición surgió en la Baja Edad Media, en el sur de Francia, como un mecanismo de exterminio de la diversidad de creencias religiosas y con el objeto de combatir a los herejes. Construida como un Tribunal Eclesiástico para castigar los delitos contra la fe, la Inquisición se hizo valer de métodos como las delaciones, interrogatorios y torturas para condenar a los acusados, y los registros históricos señalan que cerca de 15 mil personas murieron ejecutadas y 100 mil más murieron en sus cárceles.

Los casos más emblemáticos de la Inquisición son los de Galileo Galilei y Giordano Bruno, ambos astrónomos y filósofos italianos. El primero, condenado a prisión perpetua en su casa de Florencia por afirmar que el sol era el centro de nuestro sistema planetario; el otro, quemado vivo en la ciudad de Roma por afirmar que el sol era una más de miles de estrellas que pueblan el universo y en las cuales, probablemente, hubiese vida.

La Inquisición ejecutó la persecución de los judíos de España, expulsados del reino de Castilla por los reyes católicos, quienes imponían como condición al pueblo judío para no ser expulsado, la conversión a la religión católica y el bautismo. Otro ejemplo de carácter étnico, el llamado genocidio de Ruanda, registrado en la década de los noventa, mediante el cual el gobierno hutu llevó a cabo una terrible matanza sobre la población tutsi y en donde perdieron la vida más de 800 mil personas. Un caso más, registrado en la década de los noventa, el llamado genocidio de Bosnia, la limpieza étnica llevada a cabo por los ejércitos serbios y bosnios, perdieron la vida 8 mil musulmanes bosnios.

Y con toda certeza, el supremacismo ario ha sido el punto culminante de este fenómeno social. Gestado tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, surge y desencadena su odio durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la Alemania expansionista de Adolf Hitler, su visión racista y xenofóbica, buscó exterminar de manera sistemática al pueblo judío, a través de lo que hoy se conoce como  solución final de la cuestión judía, que culminó en el holocausto y que es la más brutal y dolorosa de las supremacías en la historia del mundo.

Hoy, a pesar de los constantes esfuerzos de diversos gobiernos e instituciones de derechos humanos internacionales por contener el odio racial o religioso, los supremacistas del mundo buscan organizarse de diversas formas en un intento por mantener y promover el odio. Lo sucedido en Charlottesville, Virginia, debe ser una llamada de atención a las fuerzas políticas que impulsan en el mundo la igualdad, la tolerancia y la concordia.

A pesar de la existencia de infinidad de instituciones internacionales y de las políticas públicas que la mayoría de las naciones ejecutan para generar una cultura de igualdad entre los humanos, es evidente que existen fuerzas que se oponen a ello y consideran que la supremacía, es el camino  a seguir. Alejados de los más altos valores de la civilización que promueven la igualdad, la fraternidad y la libertad entre todos los hombres de la tierra, los supremacistas, religiosos o étnicos, nos recuerdan que ahí siguen, escondidos en las catacumbas y que falta mucho para erradicar a las supremacías de la historia del mundo.

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