¡Se va, se va… se fue! (I)
“En este histórico amanecer, en este día perfecto, necesito decirles que la situación que vive el mundo es muy seria... Considerando las necesidades para la rehabilitación de Europa, las tiendas y los antiguos locales comerciales, los bancos, las compañías de ...
“En este histórico amanecer, en este día perfecto, necesito decirles que la situación que vive el mundo es muy seria... Considerando las necesidades para la rehabilitación de Europa, las tiendas y los antiguos locales comerciales, los bancos, las compañías de seguros y las fábricas de productos han desaparecido, han perdido su capital o han sido destruidas...
“En muchos países, la confianza en los mercados locales se ha perdido y la estructura de negocios de Europa se ha quebrado por completo durante la guerra...
“Es evidente ya, antes de que el gobierno de Estados Unidos proceda a ayudar al mundo europeo en el camino de la recuperación, que debe haber un pacto entre los países de Europa en cuanto al papel que cada país tomará por sí mismo…
“Estados Unidos debe ayudar en el diseño de un programa para todas las naciones de una Europa unida...”.
Este fragmento del histórico discurso pronunciado en la Universidad de Harvard, en 1947, por el general George C. Marshall, daba a conocer al mundo el Plan de Ayuda para la Reconstrucción de Europa, mejor conocido como Plan Marshall, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, y preludiaba las líneas de acción que seguiría en el futuro la integración europea. La guerra había devastado Europa y los europeos y los líderes del mundo entendían que el futuro de Europa estaba en su unificación.
Una vez iniciada su reconstrucción económica, el camino de integración para los europeos inició con la creación de la Comunidad Europea del Acero y el Carbón, organismo que al contar con una autoridad regulatoria común, evitaba el armamentismo de sus integrantes.
Posteriormente, Europa formalizaría los Tratados de Roma en el 57, que constituyeron la Comunidad Económica Europea y establecieron por primera vez un mercado común, así como la libre circulación de sus productos agrícolas.
Se podría decir que el espíritu que alentó el proceso de integración del Viejo Continente tenía como fundamento el liberalismo comercial y como objetivos primordiales sentar las condiciones necesarias para su crecimiento económico y político para fomentar la cohesión social entre sus integrantes.
En 1986, los 12 países que en ese entonces formaban la Comunidad Europea firmaron el Acta Única Europea, que implicaba la creación de un territorio libre de fronteras, en el que la libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales quedaba garantizada.
Así, en febrero de 1992, en Maastricht, se firmó el Tratado de la Unión Europea, que dio paso a la creación de la zona comunitaria más grande del mundo. Desde entonces, un largo camino ha recorrido el Viejo Continente, han transcurrido seis décadas desde que los europeos iniciaron la construcción de un espacio comunitario con una moneda y con libre flujo de bienes, servicios y personas, un Consejo y un Parlamento común, un Banco de Inversiones y una Constitución común a sus integrantes y políticas coordinadas en materia de seguridad, entre otras instituciones que comparten un poco más de 500 millones de habitantes.
Hoy, la Unión Europea cuenta con 28 Estados nacionales, desde que se incluyeron a los países que formaban la Europa del Este, con un PIB de 15 millones 172,536 euros, y un ingreso Per Cápita de 24 mil 800 euros y la Paridad de Poder Adquisitivo más grande del planeta, según datos del Banco Mundial.
Hoy, Gran Bretaña ha renunciado a todo esto.
Tras realizarse un referéndum, su población ha decidido abandonar la Unión Europea.
En la próxima entrega abordaremos los antecedentes, causas y posibles escenarios de este hecho histórico, tal vez el más importante de esta década.
