De la picaresca política

El “futurismo” político, el “tapadismo” 
y el  dedazo han recuperado su salud a tal grado, que ya se practican en la oposición.

Reasumido el control del Partido Revolucionario Institucional (PRI) por el Presidente de la República, las viejas prácticas políticas comienzan a reaparecer en el escenario nacional y amenazan con tener una nueva época de esplendor.

El dedazo para designar candidatos a cargos de elección popular ha reaparecido y no sólo en el PRI, sino ahora también es el método preferido por alguna oposición antipriista surgida del priismo. Con éste vendrán otras prácticas con su propio lenguaje, presumiblemente ya superadas, más cercanas a las carpas y teatros de variedades que de un sistema político democrático.

Por ejemplo, lo ocurrido la semana que hoy termina en el PRI y en Movimiento Regeneración Nacional (Morena) respecto a probables candidatos para el proceso electoral de 2018, son lo que antes se llamaba “predestapes” para exponer en una “pasarela” a aquellos que son los “tapados”.

El pasado jueves 24, el líder de los senadores del PRI, Emilio Gamboa, limitó a cinco los precandidatos presidenciales del PRI: José Antonio Meade, Aurelio Nuño, José Narro, Enrique de la Madrid y Miguel Ángel Osorio. “Ahí está”, fue la bendición de Gamboa ante los nombres que le planteaban los reporteros y que evitó con otros cuatro presuntos aspirantes a esa candidatura.

Regresemos a los viejos tiempos, Gamboa es un experimentado priista, conoce a su partido y al sistema, sabe del poder del presidencialismo, sabe de la “línea” y él mismo es un “tira líneas”. Entonces, su “predestape” no es a título personal. (De no ser así, el senador Gamboa sabe, como buen priista que es, a lo que se expone). Entonces, esos cinco nombres son los que están “en el ánimo” del presidente Enrique Peña Nieto.

La antigua liturgia enseña que, pese a esa “pasarela”, habría otros nombres que no pueden ser descartados del “ánimo” presidencial en los próximos meses, por lo menos hasta que se conozca el nombre del verdadero “tapado”, lo que ocurrirá cuando se le “destape” y desde ese momento será el “ungido”.

A partir de los nombres mencionados por el senador Gamboa, los verdaderos y conocedores priistas estarán absolutamente atentos para captar cualquier palabra o gesto favorable o desfavorable del Presidente de la República para con esos cinco de sus colaboradores, y así participar “en el juego que todos jugamos”, el “futurismo”. Captarlos correctamente podrá ofrecer ventajas para sumarse anticipada y convenientemente a “la cargada” que recibirá el “tapado” en cuanto sea “destapado”.

El “futurismo” político, el “tapadismo” y el dedazo han recuperado su salud a tal grado que ya se practican en la oposición. Un buen ejemplo ocurrió esta semana con el “destape” de Claudia Sheinbaum como candidata (“coordinadora de organización”, dicen para tratar de evitar sanciones legales) de Morena a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

En este caso, el dedazo también fue presidencial, del presidente del partido, aunque retorcido con un mal disfraz de una misteriosa encuesta de preferencias entre cuatro precandidatos.

Quizás este método pueda ser una aportación a la picaresca política mexicana y tener su nombre propio: “destape” mediante “encuesta digital”. Como debe de ser, la todavía delegada en Tlalpan comenzó ya a recibir los embates de “la cargada” en su favor. Sus correligionarios —y otros que no lo eran, pero que quieren subirse “al carro ganador”— le dirán que ella “es la mejor”, qué mejor, “la única”. Como ordena la liturgia… priista.

Ante la resurrección de estas prácticas, es necesario reconocer que cualquier método de selección de candidatos es válido, siempre y cuando no viole ninguna ley electoral o rompa las normas internas de un partido. En todo caso, esos métodos mostrarán el talante democrático o no de los partidos que los utilicen.

Y también es urgente y necesario decir que, al contrario de lo que ocurría antes en México, ahora ningún candidato “ungido” por ningún dedazo tiene garantizado el cargo para el que está postulado. Hoy, para fortuna de los mexicanos, por lo menos los “destapados” tienen que pasar por las urnas y ganar con votos. Al menos eso se ha ganado en la larga, desgastante y desesperante lucha por establecer la democracia en México y que ésta sea la práctica que imponga su esplendor.

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