Réquiem a Banxico

No se trata ya de saber si la factura llegará o si será carísima, sino de cuándo se pasará a los mexicanos.

Gabriel Reyes Orona

Gabriel Reyes Orona

México sin maquillaje

A poco tiempo de que el instituto central cumpla cien años, éste ha entrado a una espiral descendente que contrasta con la ascendente de la inflación. Hace algunos meses lo anticipábamos, tras las ilegales renuncias de Carstens y Del Cueto, se avizoraba que la 4T tomaría por asalto las instalaciones del búnker que, tras varias crisis sexenales, construyeron los mexicanos para evitar el abuso del señoreaje. Contando con dos vacantes forzadas, el Ejecutivo transformó al banco central en uno más de sus satélites.

Mal hicieron quienes creyeron en los renunciantes, no estuvieron a la altura, no eran los funcionarios a los que pudiera confiarse la salvaguarda institucional. Más allá de los escasos o nulos resultados que tuvieron esos dos personajes, es de destacar que lo que ellos arrojaron por la borda eran piezas fundamentales de la maquinaria que protegía el bastión financiero.

Sumido el autónomo en la inexperiencia, las soterradas críticas a los integrantes de la Junta de Gobierno se irán convirtiendo en voces que censurarán las desafortunadas decisiones que han venido tomando, bajo el inocuo mando de Díaz de León, quien, si bien es cierto no había alcanzado madurez como banquero central, fue impuesto por Meade, pensando éste que contaría con un incondicional al llegar a la Presidencia. Tan errada una conclusión, como la otra.

No existe en el órgano de gobierno integrante con preparación para diseñar e implementar políticas monetarias. Qué decir del mercado cambiario, el cual está abandonado a los vaivenes que decidan imponer los capos del crimen organizado. Éstos, han fijado el tipo de cambio con carretadas de dólares, los cuales, lavarán —cómodamente— transitando hacía la economía formal con la anuencia oficial. La integración de las negras divisas a las reservas sólo es cosa de tiempo, tan pronto como llegue la leal mensajera de palacio.

Errado el uso de línea de “swaps”, que no hace sino encubrir un financiamiento en provecho de los caprichos populistas del caudillo, fijando una banda con la que se crea la ficción de estabilidad cambiaria, como también errada la idea de que la inflación que afrontamos es consecuencia del desbalance de los agregados monetarios.

Típicamente los hijos del Cartel de Chicago no entenderían como la escasez ha producido un corto de inventarios que no puede remediarse con el incremento de las tasas, pero menos aún lo entenderán los obedientes improvisados que aceptaron puestos más allá de sus capacidades, y claro, tampoco lo podrán remediar.

En ese contexto, el incorruptible alineó a la CNBV, con la Tesofe y la UIF, a tal grado, que las complejas operaciones que se hacían antes por el “movimiento” ya no tendrán complicación alguna, manteniendo el fuerte brazo de Morena ganando las vencidas.

No se trata ya de saber si la factura llegará o si será carísima, sino de cuándo se pasará a los mexicanos. El tigre del que tanto hablaba el caudillo en campaña, a diferencia del avión, se rifó, y se lo sacaron los que ahora tienen en sus manos devolver al país al irresponsable modelo postulado por Echeverría y López Portillo.

En tanto sigan cobrando, las calificadoras harán como que nada pasa, pero, en lo oscurito, mandarán reportes duros a sus principales clientes, haciéndoles saber que el barco está a la deriva y que sólo el capital que se agandallaron a la mala en los tres primeros años es con lo que cuenta el gobierno al bat, vendrán tiempos de especulación.

Sumada la mala decisión, a la declarada guerra interna entre los encargados de acusar, sólo se puede decir: requiescat in pace.

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