Chayotubers

Ahora tendrán que hablar de la sucesora, evitando hablar de los más grandes escándalos de corrupción.

Gabriel Reyes Orona

Gabriel Reyes Orona

México sin maquillaje

Mientras que los coordinadores de Morena y quienes presiden las mesas directivas de las cámaras hacen como que hacen, todo indica que advirtieron lo inocuo de su participación en el proceso legislativo. Nada en su intervención abona para que las cosas pasen o dejen de pasar, son completamente irrelevantes en el proceso parlamentario, por muchos anuncios y conferencias que organicen.

En tanto, en las redes pareciera que nada ha cambiado, y quienes furibundamente, sin estudios, o bien, sin trayectorias profesionales u ocupacionales que les avalen, se dedicaron todo un sexenio a practicar la ignorancia electrónica, siguen hablando de quien en los números ha sido uno de los peores presidentes que haya tenido la República, al bajo nivel de Echeverría y López Portillo, recordando que ellos, en su momento, fueron tan populares como el infausto tabasqueño.

Así es, sin ningún requisito que dé cuenta de las razones por las que opinan sobre economía, seguridad o inversión pública, los ávidos receptores de ocultos estipendios se muestran extraviados, dado que, en realidad, sólo fueron propaladores de una pagada mística, que los impulsa a mantenerse en canales abiertos por ellos mismos, en busca de sobres amarillos y otras impresentables recetas de sustento. Con miniaturas tronantes y en colores chillantes, llaman la atención de incautos que nada mejor tienen que hacer, logrando colarse en las listas de los “apoyos” al movimiento.

Sin embargo, se les nota agotados y sin rumbo, ya que sólo sabían hablar de López, y les cuesta trabajo cantar loas a la nueva. Ella no cuenta con un trabajo territorial ni pactos o acuerdos que le agencien audiencia sobre vanas andanzas. Poco a poco, merman los números de visitas. Se quedaron sin material, ya que al respetable no le interesa seguir oyendo lo que pasó décadas atrás, y en sus insulsos videos se resisten a hablar de la rampante corrupción que prevaleció en la pasada administración.

Los más desesperados cubren las correrías del macuspano, ya sin cargo ni banda. Es claro que, durante años, se la pasaron hablando de los mitos que fueron creados por ese amasijo que llaman la 4T, mientras la prescripción hacía de las suyas evitando que Peña o Videgaray fueran llevados ante la justicia. Cumplieron puntualmente el mafioso acuerdo, supieron hacer bien el papel de tapaderas, y, sin salir a las calles, ni pintarse la cara, sustituyeron a aquellos merolicos que entretenían a la turba. Bueno, cuando menos, ellos ponen la cara, no son autores de mensajes remitidos bajo nombres inventados, estos últimos, aunque más económicos para el partido oficial, cada día pierden más el interés de quienes les pagan.

Ya sin micrófono oficial, los otros datos, como todo espejismo o delirio alcohólico, comienzan a desvanecerse, emergiendo los datos duros, que muestran a un presidente con un magro y penoso desempeño en la creación de fuentes de trabajo, que infló un salario mínimo que cada día es más un viejo recuerdo del pasado. Sin embargo, para quien no encuentra un trabajo real y productivo, pero precisa vivir de dádivas, López dejó como legado la oportunidad de extender la mano y convertirse en chayotuber.

Se acabó la farsa de quien dijo pacificar al país, que gastó decenas de miles de millones de dólares en obras que poco a poco han venido mostrando la faz de elefante blanco. Les cuesta trabajo, pero ahora tendrán que hablar de la sucesora, evitando hablar de los más grandes escándalos de corrupción que haya vivido México. Ésos, protagonizados por morenistas que hasta repitieron. Al que le quede el saco, que se lo ponga.

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