Venezuela: el elefante en el cuarto
Casi ocho millones de venezolanos que han sido obligados a dejar su patria siguen sufriendo las horribles consecuencias del colapso de la democracia en su sufrida nación.
“El elefante en el cuarto” es una expresión popular que se refiere a un problema o situación obvia, importante y a menudo incómoda, que todos conocen, pero que por conveniencia o cinismo evitan discutir o abordar. Es como un elefante en una habitación: todos lo ven, pero nadie quiere o se atreve a mencionarlo, a pesar de que las evidencias de su existencia sean claras para todos los que se encuentran en la habitación.
La frase anterior viene a colación ahora que se cumple un año del triunfo de Edmundo González en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. Como lo ha señalado con valentía el Observatorio para la Democracia y el Desarrollo del Instituto Casla, que dirige Luis Almagro, esta fecha marca un hito en la lucha del Pueblo Venezolano por recuperar la democracia de las garras de la dictadura de Maduro.
El elefante sigue ahí. Aunque algunos siguen apostando a la ignominia del olvido, un enorme paquidermo formado por abusos y violaciones a los derechos humanos se sigue desplazando con torpeza y desparpajo por nuestro continente. Los casi ocho millones de venezolanos que han sido obligados a dejar su patria siguen sufriendo las horribles consecuencias del colapso de la democracia en su sufrida nación.
Sobre la base de un gobierno espurio, fruto de un fraude descomunal, la dictadura madurista continúa llevando a cabo sainetes electorales organizados por un Consejo Electoral controlado completamente por el régimen. Una vergüenza que todos los demócratas deberíamos denunciar con contundencia y sin reservas.
Para muestra un botón: el pasado domingo, se celebraron en Venezuela elecciones municipales para elegir a 335 alcaldes y 2 mil 471 concejales, en un proceso marcado por el boicot de la principal coalición opositora, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), y por el amplio despliegue institucional del chavismo, que a través de este tipo de “tongos” electorales busca seguir afianzando su control político a nivel local.
Como lo señaló con precisión la líder opositora venezolana María Corina Machado, al final de este ejercicio de simulación electoral, la dictadura venezolana seguirá aislada internacionalmente ya que nadie en su sano juicio podría reconocer como válidos los resultados de un nuevo fraude como el de este domingo. Aunque algunos lo quieran esconder con eufemismos o tácticas dilatorias, el elefante sigue ahí. Cada vez más patético y evidente
A pesar de los intentos de la dictadura venezolana por cubrirse con falsos ropajes democráticos, las cosas no van bien para el sátrapa y sus secuaces. El viernes pasado, el gobierno de los Estados Unidos declaró al Cartel de los Soles como una organización terrorista y aseguró que está directamente vinculado al “régimen” de Venezuela, que encabeza el mismísimo Nicolás Maduro.
BALANCE
En una decisión que tiene consecuencias muy graves, la administración del presidente Trump señaló, además, que este grupo apoya al Cártel de Sinaloa y a la banda trasnacional Tren de Aragua, dos organizaciones que recientemente fueron señaladas como “terroristas” por Estados Unidos. El régimen de facto que gobierna Venezuela funciona gracias a una estructura criminal con largos alcances internacionales.
Los organismos multilaterales, así como todos los gobiernos democráticos, tienen la obligación moral y política de denunciar las tropelías y abusos que a diario comete la dictadura madurista. No hay mal que dure cien años. Aunque tome tiempo, la historia se encargará de consignar a quiénes señalaron con nombre y apellido al grotesco paquidermo que nos ha acompañado durante todos estos años. El elefante sigue vivo, aplastando todos los días a un pueblo que sigue resistiendo abusos que, por fortuna, se siguen documentando.
