Tiempos de responsabilidad
El pronóstico para las economías de AL y el Caribe no es muy diferente al resto de las regiones, enfrentadas a la incertidumbre, agudizada con el surgimiento de nuevas variantes de covid
Han transcurrido casi dos años de la brutal irrupción de la pandemia. A pesar de los deseos por retornar la normalidad, el surgimiento de la variante ómicron y la multiplicación exponencial del número de personas contagiadas con el virus es una clara advertencia de que la pandemia no ha terminado.
Las nuevas variantes de covid tienen un impacto demoledor en la economía global y en la proyección del desarrollo, incluso en países con altas tasas de vacunación. El planeta entra en el tercer año después de haber sido declarada la pandemia en marzo de 2019 y según previsiones del Banco Mundial, se espera que el crecimiento para la mayoría de las economías emergentes vuelva a las tasas promedio de la década previa a la emergencia sanitaria.
Las condiciones económicas para América Latina y el Caribe mejoraron durante la segunda mitad de 2021, alcanzado una proyección de crecimiento de 6.7%. Sin embargo, las estimaciones para 2022-2023 no son tan atractivas. De acuerdo con datos del Banco Mundial, en su recién publicado informe Perspectivas Económicas Globales, se prevé que el crecimiento económico regional disminuya a 2.6% en 2022 y a 2.7% en 2023.
El pronóstico para las economías de América Latina y el Caribe no es muy diferente al resto de las regiones, enfrentadas a un panorama de incertidumbre, agudizado con el surgimiento de nuevas variantes de covid que ponen en riesgo la estabilidad de la recuperación económica, y complican aún más asuntos como la inflación, la deuda pública y la desigualdad en los ingresos.
La inflación afecta a todo el hemisferio, al igual que el aumento del dólar frente a las monedas locales, lo cual ocasiona un aumento en las tasas de interés, ralentizando el crecimiento económico. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos informó la semana pasada que el índice de inflación de Precios al Consumidor alcanzó, con 7% durante 2021, su mayor nivel en el país desde junio de 1982. En este contexto, cualquier opción de crecimiento económico para la región estará supeditada al manejo de la pandemia. 2022 supone así un importante desafío para los bancos centrales y los ministerios de economía y finanzas. Son tiempos de responsabilidad y conducción firme ante un panorama complejo y desafiante.
Ante el escenario de recrudecimiento de la emergencia sanitaria, quienes pretenden gobernar a los países de la región en el futuro cercano, deberán analizar de manera detallada y cautelosa cada una de las variables que impactan las posibilidades de recuperación económica. El aumento en la brecha de desigualdad, la inconformidad de la ciudadanía con la democracia, la desmedida polarización y la consecuente tensión política, así como los desastres naturales ocasionados por condiciones climáticas extremas, son temáticas adicionales de análisis y revisión obligatoria que deberán estar presentes en las campañas políticas del ciclo electoral de 2022.
BALANCE
No hay espacio para propuestas simplistas o demagógicas. Como lo ha sostenido Luis Almagro, secretario general de la OEA, las necesidades del continente reclaman políticas públicas serias, congruentes y sostenibles. Será fundamental buscar alternativas realistas para construir un camino de recuperación económica de la mano de la concordia y la paz social.
Acercar posiciones en los temas fundamentales es un imperativo político inaplazable. Construir espacios en los que los extremos puedan acercarse entraña talento político y visión de futuro. Ante la dureza del contexto, hoy más que nunca son tiempos de responsabilidad y altura de miras. Candidat@s, partidos y ciudadan@s tienen la palabra.
* Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA
