Sin partidos no hay democracia
Una de las causas de esta crisis se encuentra en la creciente desconexión entre los intereses de las cúpulas partidarias con los intereses de los ciudadanos. Los electores no se sienten representados ni en sus causas ni en sus preocupaciones. Esta crisis de partidos y movimientos políticos es uno de los componentes que incide en el desencanto ciudadano por la democracia.
Los partidos políticos son indispensables en la democracia. La Carta Democrática Interamericana (CID) establece en su artículo 5: “El fortalecimiento de los partidos y de otras organizaciones políticas es prioritario para la democracia". Las organizaciones políticas son la expresión de las distintas corrientes representativas dentro de una sociedad plural y diversa.
Los partidos y movimientos políticos permiten a los ciudadanos organizarse para participar en elecciones y obtener el poder público de forma legítima. Como lo mencionan Almond y Coleman: “Los partidos presentan candidaturas para competir en elecciones por los puestos de representación y, una vez en las instituciones, agregan y canalizan los intereses de los ciudadanos”.
En el caso de América Latina, la “tercera ola democrática” favoreció dentro de su ordenamiento constitucional y electoral, el fortalecimiento del sistema de partidos, su organización, funcionamiento y financiamiento, como condiciones necesarias para alcanzar sociedades democráticas.
Sin embargo, pese al rol protagónico de este tipo de organizaciones dentro de la democracia representativa, la confianza y la participación de la ciudadanía respecto a los partidos y movimientos políticos se encuentra en constante decrecimiento en nuestra región.
Según el estudio de Latinobarómetro 2021, las instituciones peor evaluadas de las democracias latinoamericanas son los partidos políticos. El promedio regional de confianza ciudadana en los partidos políticos sigue a la baja, de 26%, en 1995, a 13%, en 2021. En ocho países de la región se registra 10% o menos de confianza en éstos.
Una de las causas de esta crisis se encuentra en la creciente desconexión entre los intereses de las cúpulas partidarias con los intereses de los ciudadanos. Los electores no se sienten representados ni en sus causas ni en sus preocupaciones más cercanas. Esta crisis de partidos y movimientos políticos es uno de los componentes que incide de forma directa en el desencanto ciudadano por la democracia. El gran reto para los partidos políticos, en el difícil contexto de covid-19, pasa por su reinvención y reconexión con las nuevas demandas ciudadanas.
La pandemia, el cambio climático, los objetivos del desarrollo sostenible, el impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad, la paridad de género, los derechos de las minorías, las reivindicaciones de los jóvenes y los derechos de la naturaleza, entre otros, deben incluirse en sus agendas internas de debate.
BALANCE
Si bien la participación política está en aumento en casi todas las regiones del mundo, la gente está claramente desilusionada con las instituciones políticas formales. Si los partidos políticos quieren recuperar el protagonismo democrático, deberán hacer una actualización urgente que los reconecte con las nuevas frecuencias ciudadanas.
Como lo mencionó el secretario general de la OEA, Luis Almagro, en la XXVI Conferencia Centroamericana y del Caribe de Partidos Políticos: “Los partidos políticos necesitan renovarse, seguir los tiempos, para ganarse la confianza popular, dando muestras claras que rendirán cuentas a la ciudadanía y que están dispuestos a asumir los principales problemas que pueden surgir en su seno incluido la lucha contra la corrupción”. El activo más importante de la democracia es la confianza ciudadana. Los partidos políticos de la región deben hacer un alto en el camino para recuperar su conexión con los electores más allá de la jornada electoral. Los partidos políticos son indispensables en una democracia sana y funcional. Sin partidos, no hay democracia.
