Recuperar el consenso

Nunca antes, como ahora, proliferan mensajes de odio, noticias falsas, desinformación y violencia política, cuya caja de resonancia se encuentra en las redes sociales.

Covid-19 ha sido la peor catástrofe económica y sanitaria que el mundo ha conocido desde la crisis de 1929. El principal objetivo es superar, de forma efectiva, los estragos producidos por la pandemia en un entorno desafiante, acicateado por la guerra en Ucrania y la inflación global.

La pandemia evidenció la débil y escasa cobertura de los sistemas de protección social y de salud. El panorama latinoamericano se caracteriza por una situación de mayor desocupación, subempleo, informalidad, pobreza y una drástica reducción de ingresos. La región corre el riesgo de experimentar otra década perdida.

Estos elementos producen un clima propicio para la movilización ciudadana ante la falta de capacidad de gestión y la consiguiente débil respuesta institucional para atender las necesidades de la gente.

Para afrontar este complejo y difícil escenario, es crucial recuperar el consenso básico entre los diversos actores políticos, fundamentalmente en asuntos que tienen que ver con la calidad de vida de la población. 

Sin embargo, a pesar de que el diálogo político, el consenso y los acuerdos son las herramientas indispensables para superar la actual crisis, su uso no constituye la regla, sino la excepción en una región caracterizada por la presencia de sociedades fracturadas a causa de una profunda polarización política sustentada en el fanatismo y los extremismos ideológicos.

La “enemización” de la política se ha vuelto un signo distintivo de la región. Nunca antes, como ahora, proliferan mensajes de odio, noticias falsas,  desinformación y violencia política, cuya caja de resonancia se encuentra en las redes sociales.

La polarización tóxica no solamente está presente en los procesos electorales, como estrategia para buscar fanáticos que se adhieran a la coyuntura, sino que paralelamente impacta en la gobernanza y genera la imposibilidad de ejercer un gobierno estable y concertar mínimos comunes entre actores políticos.

La ausencia de acuerdos y consensos plurales e incluyentes dentro de una sociedad democrática generan el estancamiento y demora en la formulación e implementación de planes nacionales, extendiendo en demasía la duración de las crisis y sus efectos.

Es urgente para la región y sus países activar un diálogo político profundo que permita alcanzar acuerdos y consensos entre gobierno y oposición frente a las crisis multidimensionales que afrontamos.

En este contexto, el cumplimiento cabal del Estado de derecho y los compromisos internacionales derivados de la Carta Democrática Interamericana son la columna vertebral para salir avante en estos difíciles momentos. 

Como lo ha señalado el secretario general de la OEA, Luis Almagro, en la lucha por detener los devastadores efectos ocasionados por la pandemia, el diálogo político abierto, inclusivo y sensitivo será fundamental para reducir la polarización y alcanzar una efectiva recuperación integral para toda la región.

BALANCE

Recuperar el consenso en asuntos de supervivencia para la sociedad es una obligación ética para la actual generación de gobernantes. Para revertir esta brutal coyuntura se requieren acuerdos básicos dentro de las reglas del juego democrático que permitan recuperar la confianza ciudadana en el Estado de derecho y en dar solución práctica y efectiva a los problemas reales de la gente.

La falta de consensos básicos profundiza los efectos perniciosos de la pandemia, la guerra y la inflación. La democracia nos provee de reglas y procedimientos para enfrentar este complejo momento. No podemos perder más tiempo en conflictos estériles y polarizaciones inútiles, el reloj corre en nuestra contra.

*Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA

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