Mitos

Por diversas cicatrices de su juventud, el tema de la política y la razón siempre interesó al filósofo Karl Popper. Con disciplina y rigor científico trató con extrema desconfianza todo aquello que le parecía no racional. En su concepción teórica, lo no racional ...

Por diversas cicatrices de su juventud, el tema de la política y la razón siempre interesó al filósofo Karl Popper. Con disciplina y rigor científico trató con extrema desconfianza todo aquello que le parecía no racional. En su concepción teórica, lo no racional nos acercaba tarde o temprano al carácter emotivo, lleno de mitos y fantasías, que precede al autoritarismo.

En la contienda política de 2018, se ha construido un discurso plagado de mitos que pasa por diversos filtros, a todas luces no racionales, cuya repetición en redes sociales y en diversos medios de comunicación, ha erigido una categoría que es peligrosa para los terrenos de la política: ideas que se convierten en “realidades sociales” por encima de la verdad y de los hechos concretos.

En esta columna analizaremos tres mitos:

Las encuestas ya dictaron el futuro. Es un común denominador señalar que las encuestas pueden predecir quién será el ganador de la contienda. La experiencia internacional nos ha ilustrado, con ejemplos como el Brexit, la elección presidencial de los EU o el plebiscito por La Paz en Colombia, que la tasa de rechazo a contestar o el volumen de los indecisos hacen dudosas las proyecciones que actores interesados difunden como propaganda.

Se ha sembrado un mito contrario a la esencia de las elecciones: AMLO ya ganó. Sólo falta determinar cuál será el margen de su triunfo. El 1 de julio es un trámite procesal. Si por alguna razón, el tabasqueño perdiera, sólo sería posible a través del fraude electoral. El destino es inevitable.

Los empresarios deben guardar silencio. En democracia, debe tenerse absoluto respeto de las expresiones tanto coincidentes como disidentes. En todos los modelos para medir la “calidad de la democracia”, el flujo sin restricciones de las ideas determina la autenticidad del proceso electoral.

Por lo anterior, causa extrañeza que mientras López Obrador ha llenado de ofensas y descalificaciones, como “minoría rapaz” o “traficantes de influencias”, a quienes no comulgan con su evangelio, quienes aplican la ley electoral sugieren a los empresarios que se “atreven” a alzar la voz, que actúen con prudencia, so pena de ser sancionados por “exceder” su libertad de expresión.

El triunfo de AMLO es inevitable. En un sistema abierto de competencia no hay valores predefinidos. Las encuestas son falibles para predecir resultados. Su objeto central es identificar tendencias, retratar momentos. Estos instrumentos se han transformado en elementos de propaganda, utilizadas por los equipos de campaña. Sin embargo, el resultado final, la encuesta de encuestas, es el día de la elección.

Analistas y voceros interesados ya emitieron su veredicto: Andrés Manuel López Obrador no puede perder. Las encuestas ya se han pronunciado y ahora, como dóciles corderos, debemos asumir nuestro destino, sin chistar, debemos agradecer la decisión de la mayoría, aunque ningún ciudadano haya votado y las elecciones aún no se hayan realizado.

BALANCE

Dar todo por sentado. Decretar que ya ha concluido el proceso electoral, a menos de un mes que acaben las campañas, faltando aún el Tercer Debate Presidencial en Mérida, es absurdo, irracional. Desde hace décadas los politólogos abdicaron a su espacio como predictores del futuro o adivinos. Los más serios, han advertido con razón que el conteo decisivo es y será siempre el resultado de lo acontecido en las urnas.

Una elección presidencial es un episodio histórico, irrepetible. Es el momento en que decidimos el futuro. Una mala elección, por odio o decepción, lleva implícita una carga de consecuencias que no tienen vuelta atrás. De ahí que, en mi opinión, nuestro voto debe ser producto de una elección cerebral. Aceptar mitos, sin sustento, sin debate, es abandonar nuestro futuro aun sin haber votado. Eso sí es irracional.

Temas: