La defensa de la democracia
Hoy, más que nunca, deben apoyarse y financiarse todas las iniciativas de cooperación regional referentes a la defensa, preservación, fortalecimiento y consolidación de la democracia hemisférica
El desencanto y la erosión de la democracia constituyen un fenómeno ampliamente debatido y analizado. No hay duda, vivimos tiempos turbulentos y la gobernabilidad es cada vez más compleja y desafiante.
Existe la coincidencia de que es indispensable defender y fortalecer a la democracia frente a los peligros que la debilitan. Los problemas contemporáneos de la democracia pasan por el autoritarismo, la polarización, el fanatismo, la violencia política y la desinformación, entre otros.
La democracia debe estar más allá de la retórica o los afanes discursivos. Su defensa requiere de compromisos plenos y permanentes para fortalecerla, perfeccionarla, y apuntalarla para resguardar los derechos y libertades de toda la gente, sin excepciones ni exclusiones.
La defensa de la democracia implica alzar la voz frente a las arbitrariedades y los abusos de los autócratas y sus dictaduras. Los gobiernos democráticos no deben tolerar la normalización de la tortura y los presos políticos, mirando hacia otro lado, normalizando de esa manera a regímenes despóticos, violadores contumaces de derechos humanos.
No podemos permitir que nuestras democracias sean edulcoradas con el uso retórico de argumentos líricos y lugares comunes, los cuales no aterrizan acciones concretas en la realidad, aumentando la desilusión y la apatía entre los ciudadanos. La democracia requiere y exige mucho más que eso.
Es necesario que los actores políticos y la ciudadanía asuman a la democracia como una forma de vida, moviendo todos sus engranajes y elementos que la constituyen, para hacerla funcionar de forma plena.
Vivir en democracia implica obligatoriamente la ejecución de acciones públicas e institucionales positivas y apropiadas en cuanto a la inversión y el financiamiento, con el fin de que se tutelen adecuadamente todos los derechos de las personas en su integralidad y sin restricciones.
Si queremos más y mejor democracia es necesario que se financie adecuadamente a todos los organismos, entidades e institutos que promueven la discusión de los valores democráticos en todas sus formas.
Es fundamental asegurar que las fuentes de financiamiento público aseguren la autonomía financiera de las instituciones electorales respecto a la entrega puntual y suficiente de recursos para la realización técnica y eficiente de los comicios, garantizando así equidad e imparcialidad.
Hoy, más que nunca, deben apoyarse y financiarse todas las iniciativas de cooperación regional referentes a la defensa, preservación, fortalecimiento y consolidación de la democracia hemisférica, a través de programas y proyectos de fortalecimiento del Estado de derecho, el régimen democrático, la gobernabilidad y los procesos electorales, entre ellos la observación electoral técnica, imparcial y neutral.
Como lo señala el secretario general de la OEA, Luis Almagro: los Estados miembros han reconocido que la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas. La Carta Democrática Interamericana es nuestra estrella polar.
BALANCE
La democracia es un patrimonio intangible de la comunidad hemisférica, invertir en su defensa y fortalecimiento es invertir en el sustento principal para impulsar el desarrollo económico, social y productivo de los países americanos, fortaleciendo su resiliencia frente a los grandes desafíos y retos que nos presenta esta década pospandemia.
No podemos olvidar que los derechos existen y persisten, siempre que haya detrás de ellos una estructura para garantizar su satisfacción. Invertir en democracia es una garantía para más libertad y derechos para la gente.
*Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA
