Inteligencia artificial: decisiones asertivas
Lo digital debe ser una fuerza para el empoderamiento de las personas y el planeta
Nuestro continente vive una situación delicada. Los avances de la Agenda Mundial 2030 y los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) se encuentran muy lejos de lo planeado. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha identificado grandes obstáculos para la consecución de los (ODS) en nuestra región, entre los que destacan: la persistencia de la pobreza, las desigualdades estructurales y, en especial, la multiplicación de la cultura del privilegio.
En este difícil contexto de metas no alcanzadas, la inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automatizado siguen transformando las actividades cotidianas. Los enfoques tradicionales de gobernanza y democracia siguen evidenciando graves limitaciones para afrontar estas nuevas herramientas, generándose la necesidad de tomar decisiones asertivas ante los alcances de las nuevas tecnologías.
Como lo ha señalado el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la tecnología digital es una fuerza clave para el cambio en este siglo y está transformando las economías, los gobiernos y la sociedad civil, por lo que afecta a casi todos los aspectos del desarrollo.
La IA proyecta una serie de oportunidades y riesgos respecto al desarrollo sostenible y la democracia. Como lo indica el propio PNUD, lo digital debe ser una fuerza para el empoderamiento de las personas y el planeta.
La IA no constituye una finalidad en sí misma, por el contrario, constituye un instrumento que puede ayudar a las sociedades y sus instituciones a la consecución de los derechos fundamentales de sus ciudadanos, el desarrollo sostenible y el fortalecimiento de la democracia.
El consenso internacional es claro: la IA debe estar regulada por valores y principios democráticos y éticos que promuevan el bien común, potenciando sus beneficios y reduciendo sus riesgos.
Como lo ha señalado el secretario general de la OEA, Luis Almagro, como instrumento fundamental del desarrollo, la IA debe evolucionar tomando en cuenta el respeto de los derechos humanos, previniendo usos y comportamientos que pueden causar daño y socavar la dignidad de las personas.
Es imperativo que los Estados, los gobiernos, la sociedad civil, la academia y el sector privado trabajen para regular adecuadamente la IA, estableciendo estrategias concertadas, con base en criterios orientadores consensuados bajo los enfoques de derechos humanos, ética y democracia.
Una IA bien utilizada tiene el gran potencial para contribuir con la reducción de la pobreza y la desigualdad; la prevención de riesgos; la planificación urbana, la adaptación climática y la optimización energética.
Como lo señala el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA): “El futuro puede ser esplendoroso, poniendo la tecnología a disposición de las personas para mejorar los sistemas de educación, diagnósticos médicos más oportunos, legitimar la democracia, mejorar las condiciones de trabajo, prevenir desastres naturales generados por la crisis climática y aumentar la productividad científica”.
BALANCE
El desarrollo acelerado de la IA obliga a que los gobiernos no posterguen su abordaje y regulación. Ha llegado el momento de tomar decisiones asertivas. Es urgente un debate sobre sus desafíos y oportunidades, pero también sobre sus riesgos y sus amenazas.
Se requieren acuerdos fundacionales de manera urgente. Los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y los organismos internacionales deben actuar de forma colectiva asumiendo seriamente el debate, planteando propuestas y acordando soluciones duraderas para un fenómeno que llegó para quedarse.
*Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA
