Gobernanza
La región no se ha recuperado de la crisis de credibilidad hacia las instituciones democráticas.
Hace algunos días tuve la oportunidad de reunirme con un consorcio de expertos y académicos que ha venido trabajando bajo el auspicio de la Fundación Ford y en colaboración con la Universidad de los Andes de Colombia, la Universidad Torcuato Di Tella de Argentina, y el Colegio de México, en construir un análisis detallado y riguroso sobre el estado de las relaciones hemisféricas en diversos temas y en cómo conectar ese diagnóstico con acciones concretas para fortalecer la gobernanza continental.
El informe, titulado Balance de la gobernanza continental en las Américas: oportunidades y retos, señala que, si bien las asimetrías de la región continúan siendo notables, tenemos más desafíos comunes que nunca. En una primera parte se presenta un análisis sobre la gobernanza continental en temas determinantes como medio ambiente y cambio climático, seguridad alimentaria, pobreza y desigualdad, migración, derechos humanos, transformación digital, ciberseguridad y crimen organizado, entre otros.
En la segunda parte, el informe se centra en la gobernanza política alrededor de las diferentes crisis democráticas que se han presentado en el continente en los últimos años, destacando problemas de arreglos institucionales y cómo los ataques a la democracia han minado las reglas y la institucionalidad democrática.
La región no ha podido recuperarse de la crisis de credibilidad hacia las instituciones democráticas. A pesar de que las personas continúan creyendo en la democracia, el problema radica en la incapacidad de las instituciones para entregar servicios requeridos y cumplir con las necesidades insatisfechas de la ciudadanía.
Existe una interesante interrelación entre democracia y desigualdad con base en las expectativas ciudadanas sobre lo que puede y no puede hacer la democracia. Ante este escenario, se presentan reflexiones acerca de los mecanismos hemisféricos disponibles y las posibilidades de arreglos menos institucionalizados y más ad hoc.
El desencanto democrático está presente, existe una ciudadanía inconforme y polarizada, un escenario que es aprovechado por quienes proponen que el lugar de la democracia sea ocupado por tendencias populistas y antidemocráticas que amenazan la convivencia pacífica y democrática.
Si bien las reflexiones presentadas en este informe ofrecen un panorama complejo, este análisis nos brinda la posibilidad de pensar en oportunidades que faciliten la cooperación transversal y el diseño de políticas regionales que abran la puerta a nuevos mecanismos de coordinación para generar una gobernanza más moderna, ágil y efectiva.
BALANCE
A pesar de los múltiples desafíos que enfrenta la gobernanza hemisférica, y las diversas problemáticas que trae consigo la agenda regional, es necesario rescatar que las y los ciudadanos de las Américas, a través de su continua participación política en los procesos electorales, han demostrado su deseo de vivir en democracia.
Bien lo ha dicho el secretario general de la OEA, Luis Almagro: la ciudadanía democrática es la única garantía de que el Estado de derecho sea un Estado de derecho democrático, con un orden constitucional que garantice la separación y el equilibrio de poderes. Pero también sabemos que con ello no alcanza. La ciudadanía no se puede ejercer en un contexto de pobreza y desigualdad. Ésa es la verdadera polarización de las Américas.
Restablecer la confianza de la ciudadanía en las instituciones democráticas es clave para recuperar el respaldo hacia la democracia. Necesitamos instituciones fuertes que se manejen con integridad y transparencia y produzcan resultados.
*Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA
