Experticia electoral
Es crucial que las instituciones de la democracia cuenten con el más alto perfil técnico, experticia, profesionalidad, prestigio público, imparcialidad y neutralidad, con el fin de garantizar todas las etapas y fases de un proceso comicial
La democracia enfrenta nuevos y complejos desafíos: la presencia de una polarización política tóxica, la difusión masiva de noticias falsas, la desinformación, fanatismo y la violencia política son fenómenos contemporáneos que están presentes tanto en las democracias consolidadas, como en las que se encuentran en camino de evolución.
A estos fenómenos se suma el impacto que en nuestras sociedades ha generado la presencia de una pandemia como la de covid-19, con la generación de crisis multidimensionales e intersectoriales, cuyas consecuencias son devastadoras y que se harán presentes, por lo menos, en toda esta década.
A pesar de este contexto tan complejo, la región ha asistido en el último ciclo electoral (2020-2022) a una organización planificada y exitosa de procesos comiciales con enfoque sanitario, en donde las autoridades electorales han respetado la voluntad de la gente en las urnas, preservando la salud y la vida de los electores, y garantizando sus derechos políticos y de participación.
Los organismos electorales de América Latina y el Caribe han demostrado gran resiliencia democrática, al identificar y asumir los nuevos retos planteados por la pandemia, impulsando su transformación e innovación institucional respecto a la organización técnica de los comicios.
El resultado de esta resiliencia democrática ha sido la celebración de elecciones con alto nivel técnico, organizativo y jurisdiccional, en las cuales se ha tutelado el ejercicio de los derechos políticos-electorales de la ciudadanía, lo cual ha posibilitado transiciones democráticas a lo largo de la región.
La resiliencia democrática de los organismos electorales no es una coincidencia, ni se alcanza por inercia; es el resultado de un trabajo progresivo y continuo que debe privilegiar su rol técnico y profesional, preservando su independencia y autonomía frente a otros poderes del Estado.
Como lo ha mencionado el secretario General de la OEA, Luis Almagro: “Fortalecer las capacidades técnicas y defender la autonomía de los organismos electorales es fortalecer la democracia”.
En este sentido, toda reforma sobre las reglas de juego de la democracia debe siempre fortalecer la institucionalidad electoral, precautelar su autonomía e independencia, y evitar la tentación de la cooptación y el control monopólico de los órganos cuya misión es garantizar elecciones transparentes.
Organizar elecciones no es fácil. No se puede improvisar. Por el contrario, es una tarea compleja y especializada, que demanda un alto conocimiento técnico que permita otorgar a toda elección los requisitos de integridad, transparencia, competencia, competitividad y justicia a las que hace referencia la Carta Democrática Interamericana.
Es crucial que las instituciones de la democracia cuenten con el más alto perfil técnico, experticia, profesionalidad, prestigio público, imparcialidad y neutralidad, con el fin de garantizar todas las etapas y fases de un proceso comicial.
BALANCE
En un momento tan crítico como el que vivimos, debe preservarse la independencia institucional, su acervo técnico en material electoral, y el perfil profesional de sus funcionarios y jueces. Únicamente un árbitro electoral, especializado e íntegro, puede garantizar procesos electorales transparentes que otorguen legitimidad de origen a los gobernantes.
Cuidar el árbitro electoral es fundamental en una época de gran incertidumbre e inestabilidad que amenaza a la democracia. Cuidar al árbitro electoral y evitar su cooptación no es una opción, es una obligación que no acepta titubeos, ni tibiezas de ninguna naturaleza.
* Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA
