Educación digital
Las plataformas digitales y la IA no deben convertirse en espacios de canibalismo digital.
Han sido semanas turbulentas. La incertidumbre económica permanece amplificada por redes sociales cargadas de mentiras y medias verdades. Navegamos a la deriva por océanos de desinformación que desembocan en grandes cajas de eco y resonancia.
El crecimiento del mundo digital se da a pasos agigantados. Según el Reporte Digital 2025 publicado por We Are Social and Meltwater, solamente en el último año se sumaron 206 millones de nuevos usuarios a las redes sociales y hoy son más de 5 mil 240 millones, que corresponden a 63.9% de toda la población mundial.
El uso de redes y de la inteligencia artificial (IA) demanda a sus usuarios navegar con una “brújula ética” para no reproducir los prejuicios y la discriminación, para no fomentar la polarización, exacerbar el fanatismo y sembrar más violencia digital; acciones repudiables que ponen en riesgo los derechos humanos y las libertades de la gente.
Las plataformas digitales y la IA no deben convertirse en espacios de canibalismo digital. Su uso sin regulaciones, sin principios y sin ética, nos está llevando a la presencia de actores que se esconden en el anonimato para desinformar y generar condiciones de caos, violencia y desorden.
En el ámbito democrático, la ausencia de una adecuada educación digital y la carencia de principios éticos en el uso de las redes sociales y la IA agrava la erosión de los sistemas democráticos, socava la confianza en las instituciones y deteriora el debate público sobre los asuntos de interés general.
La difusión y viralización de noticias falsas, la desinformación en contextos electorales y los mensajes de odio y discriminación lesionan el pacto social de convivencia pacífica de las sociedades, volviéndolas virulentas y mordaces.
Para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), los espacios digitales se han convertido con demasiada frecuencia en burbujas de aislamiento, capullos de desinformación, que, a veces, fomentan teorías conspirativas y violencia extrema.
Si ya no podemos distinguir entre la ficción de la realidad y discernir entre la falsedad y la verdad, los cimientos de nuestras sociedades se desmoronan: la democracia, el diálogo y el debate, esenciales para abordar los grandes retos contemporáneos, se vuelven irrealizables.
Es fundamental situar a los principios éticos como el faro que regula la acción de la IA y las redes sociales, cuyo fin sea el de garantizar la veracidad de la información y aportar positivamente en la construcción de sociedades democráticas y libres.
El secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro, ha señalado que la revolución digital ha cambiado las reglas del juego en la sociedad y en la política. Es urgente asumir sus desafíos y enfrentar sus amenazas.
Ante la fiera discusión global sobre un nuevo paradigma económico y comercial, es crucial que las plataformas digitales y los gobiernos desarrollen estrategias claras de alfabetización digital para los usuarios de redes con el objetivo de crear un entorno favorable que salvaguarde la libertad de expresión y el acceso a una información veraz, contrastada y contextualizada.
BALANCE
La educación digital es una herramienta fundamental para preservar la integridad de la información y mejorar el debate público, potenciando las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías y reduciendo los riesgos de su mal uso en la esfera democrática.
Nosotros, con nuestro uso, decidimos si las redes sociales y la IA fortalecen la democracia, la convivencia y la paz de nuestras sociedades o si las convertimos en nuestra principal amenaza civilizatoria.
* Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA
