Educación digital

Las plataformas digitales y la IA no deben convertirse en espacios de canibalismo digital.

Francisco Guerrero Aguirre

Francisco Guerrero Aguirre

Punto de equilibrio

Han sido semanas turbulentas. La incertidumbre económica permanece amplificada por redes sociales cargadas de mentiras y medias verdades. Navegamos a la deriva por océanos de desinformación que desembocan en grandes cajas de eco y resonancia.

El crecimiento del mundo digital se da a pasos agigantados. Según el Reporte Digital 2025 publicado por We Are Social and Meltwater, solamente en el último año se sumaron 206 millones de nuevos usuarios a las redes sociales y hoy son más de 5 mil 240 millones, que corresponden a 63.9% de toda la población mundial.

El uso de redes y de la inteligencia artificial (IA) demanda a sus usuarios navegar con una “brújula ética” para no reproducir los prejuicios y la discriminación, para no fomentar la polarización, exacerbar el fanatismo y sembrar más violencia digital; acciones repudiables que ponen en riesgo los derechos humanos y las libertades de la gente.

Las plataformas digitales y la IA no deben convertirse en espacios de canibalismo digital. Su uso sin regulaciones, sin principios y sin ética, nos está llevando a la presencia de actores que se esconden en el anonimato para desinformar y generar condiciones de caos, violencia y desorden. 

En el ámbito democrático, la ausencia de una adecuada educación digital y la carencia de principios éticos en el uso de las redes sociales y la IA agrava la erosión de los sistemas democráticos, socava la confianza en las instituciones y deteriora el debate público sobre los asuntos de interés general.

La difusión y viralización de noticias falsas, la desinformación en contextos electorales y los mensajes de odio y discriminación lesionan el pacto social de convivencia pacífica de las sociedades, volviéndolas virulentas y mordaces.

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), los espacios digitales se han convertido con demasiada frecuencia en burbujas de aislamiento, capullos de desinformación, que, a veces, fomentan teorías conspirativas y violencia extrema.

Si ya no podemos distinguir entre la ficción de la realidad y discernir entre la falsedad y la verdad, los cimientos de nuestras sociedades se desmoronan: la democracia, el diálogo y el debate, esenciales para abordar los grandes retos contemporáneos, se vuelven irrealizables.

Es fundamental situar a los principios éticos como el faro que regula la acción de la IA y las redes sociales, cuyo fin sea el de garantizar la veracidad de la información y aportar positivamente en la construcción de sociedades democráticas y libres.

El secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro, ha señalado que la revolución digital ha cambiado las reglas del juego en la sociedad y en la política. Es urgente asumir sus desafíos y enfrentar sus amenazas.

Ante la fiera discusión global sobre un nuevo paradigma económico y comercial, es crucial que las plataformas digitales y los gobiernos desarrollen estrategias claras de alfabetización digital para los usuarios de redes con el objetivo de crear un entorno favorable que salvaguarde la libertad de expresión y el acceso a una información veraz, contrastada y contextualizada.

BALANCE

La educación digital es una herramienta fundamental para preservar la integridad de la información y mejorar el debate público, potenciando las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías y reduciendo los riesgos de su mal uso en la esfera democrática.

Nosotros, con nuestro uso, decidimos si las redes sociales y la IA fortalecen la democracia, la convivencia y la paz de nuestras sociedades o si las convertimos en nuestra principal amenaza civilizatoria.

 * Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA

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