Desinformación: cáncer democrático
No pueden existir democracias sólidas sin sociedades bien informadas.
Durante las celebraciones del vigésimo tercer aniversario de la Carta Democrática Interamericana y del Día Internacional de la Democracia, los Estados Miembros de la OEA pusieron un énfasis especial en la importancia de contar con información con integridad y veracidad para poder construir sociedades más justas, participativas y transparentes.
La desinformación se ha convertido en un peligroso cáncer para el tejido democrático, amenazando la esencia de nuestros procesos electorales, en medio de un entorno envenenado por la polarización tóxica y la violencia política. Por ello, es de celebrarse la realización, el 13 de septiembre pasado, del curso-taller Desinformación en tiempos de polarización, auspiciado por la Misión de Chile ante la OEA.
La rapidez con la que se difunden, a través de las redes, las noticias y la información ha transformado nuestra forma de comunicarnos y de comprender el mundo. Este torbellino de datos ha facilitado la expansión de contenidos engañosos y campañas de desinformación que socavan la confianza pública en las instituciones democráticas y en los procesos electorales.
Bien lo sostiene el relator para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Pedro Vaca, la integridad de la información engloba el respeto inquebrantable por la verdad, el compromiso con la exactitud y la precisión, así como la imparcialidad y responsabilidad necesarias para garantizar una deliberación democrática que privilegie la información fiable.
La información tiene el poder de moldear el debate público, de influir en la formulación de políticas, de denunciar abusos y garantizar derechos. Sin embargo, la integridad de la información se encuentra bajo la amenaza constante de la desinformación, de la información errónea y manipulada, y del manejo inadecuado de la inteligencia artificial (IA).
La IA presenta tanto oportunidades como desafíos para las democracias modernas. Por un lado, la inteligencia artificial puede ofrecer herramientas poderosas para mejorar la eficiencia gubernamental, la participación ciudadana y la transparencia. Por otro lado, el uso indebido de la IA puede amplificar la desinformación, comprometer la privacidad de las y los ciudadanos y afectar la integridad de los procesos electorales.
Es imperativo trabajar en el desarrollo de marcos regulatorios que promuevan la integridad de la información y la innovación mientras salvaguardamos los principios democráticos fundamentales. Un ejemplo de estos esfuerzos es el informe sobre Inclusión digital y gobernanza de contenidos en internet, elaborado recientemente por la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH.
BALANCE
La desinformación se ha convertido en uno de los cánceres más peligrosos que amenazan la vida democrática del mundo y de nuestro continente. Como lo ha señalado Luis Almagro, secretario general de la OEA, no es posible contar con democracias de calidad si no tenemos información de calidad; no pueden existir democracias sólidas sin sociedades bien informadas.
La información que compartimos y consumimos tiene poderosas implicaciones en el sostenimiento de la gobernabilidad democrática. Necesitamos un esfuerzo conjunto para asegurar su integridad en el entorno digital. Es urgente que los actores sociales, políticos y tecnológicos trabajen de manera conjunta en la construcción de soluciones efectivas para fortalecer la alfabetización mediática y promover la transparencia en el uso de la inteligencia artificial. El tiempo corre sin piedad. Sin información íntegra y verídica no hay democracia posible.
*Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia.
Los puntos de vista son a título personal. No representan la posición de la OEA
