Buscando la verdad

La existencia de controles y balances no conlleva la prohibición en la expresión de ideas, busca garantizar que la información que se comparte con el público se base en hechos verificables

Lo hemos dicho de manera reiterada. Con la llegada de las redes sociales, el modelo de comunicación política se transformó para siempre. plataformas como X, TikTok o Facebook han adquirido un papel predominante en la difusión de noticias e información en tiempo real. Sin embargo, este poder ha venido acompañado de un gran desafío: ¿cómo evitar que la desinformación y la información falsa sean la moneda de cambio cotidiana en el intercambio de ideas y opiniones?

Con el reciente anuncio de Meta sobre la finalización de su programa de verificación de hechos, ocho años después de su creación, y después de las afirmaciones de que este programa ha generado censura, surge una pregunta esencial: ¿es éste realmente un regreso a las raíces de la libertad de expresión o es un paso atrás en la lucha por la verdad y la integridad de la información?

En teoría, la decisión de priorizar la libertad de expresión parece loable. La idea de que todos tengan voz y puedan compartir sus pensamientos y opiniones es fundamental para una sociedad democrática. Sin embargo, la línea entre la libre expresión y la desinformación es bastante difusa y, en ocasiones, peligrosa. Existe una tensión inherente entre la libertad de expresión y la responsabilidad de las plataformas de contener la difusión de información falsa que tiene consecuencias nefastas para la sociedad.

La desinformación y la mala información no son fenómenos nuevos. Sin embargo, durante la pandemia de covid-19 adquirieron una nueva dimensión. Las redes sociales se han convertido en vehículos para la propagación de afirmaciones engañosas que han ido en detrimento del debate público, fragmentando la cohesión social y erosionando la confianza en las instituciones.

Existen múltiples estudios que demuestran que la desinformación no sólo confunde al público, sino que también afecta comportamientos y decisiones. La mala información influye en la opinión pública, acentúa la polarización y distorsiona los procesos democráticos.

Es importante recordar que la verificación de hechos, esencia histórica del buen periodismo, no significa eliminar la libertad de expresión; por el contrario, busca complementarla. La existencia de controles y balances no conlleva la prohibición en la expresión de ideas; al revés, busca garantizar que la información que se comparte con el público se base en hechos verificables. No basta el monitoreo del contenido engañoso, es básico educar a los usuarios sobre cómo discernir la información veraz de la falsa.

Sin embargo, la decisión de Meta también podría ser un llamado de atención para que la sociedad civil, los gobiernos y las plataformas adopten un enfoque más proactivo en la educación mediática y digital. La búsqueda de la verdad entraña promover el pensamiento crítico y la alfabetización mediática como herramientas para contrarrestar la desinformación y construir una ciudadanía informada.

  • BALANCE

La cancelación de programas de verificación pone a prueba la voluntad y disposición colectiva de la sociedad para defender la verdad. Es un recordatorio de que la libertad de expresión, aunque imprescindible, no debe usarse como la puerta trasera de la manipulación política y la desinformación.

La desinformación es un enemigo colosal que socava la confianza pública y amenaza el funcionamiento y la calidad de la democracia. Para preservar la integridad de la información es indispensable encontrar un equilibrio entre la libre expresión y la responsabilidad informativa. Sin periodismo critico e independiente no hay manera de encontrar la verdad en este océano de mentiras y verdades a medias.

*Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA

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